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Derechos humanos: estirarlos es rebajarlos

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10 de diciembre: Día de los Derechos Humanos. Hoy como hace una década, hay que advertir contra las consecuencias que puede traer ampliar el concepto de derecho humano a metas económicas y sociales, que no siempre se pueden garantizar. Interrogantes: ¿El derecho a vacaciones pagadas es un derecho humano? ¿Lo es el derecho a la vacunación, o a disfrutar de los beneficios que trae el progreso científico?. Idea desarrollada, ampliamente, tanto por Berthel Haarder como por Charles Goerens. Es preferible llamarlos loables metas económicas y sociales, más que derechos humanos. Existe una tendencia preocupante a etiquetar como “derechos” toda clase de objetivos políticos. Y al hacerlo, corremos el riesgo de aguar el concepto de derecho humano y perder de vista lo fundamental. Llamando derecho humano a cualquier meta social o económica, rebajamos el peso relativo de los derechos humanos verdaderamente importantes: la libertad de expresión de las opiniones o de la religión, la libertad de asociación, el derecho a la vida, el derecho a la libertad y a la seguridad de las personas. Probablemente, no tenemos más remedio que vivir con una definición amplia de derechos humanos; pero debemos a la vez destacar entre ellos los derechos civiles y políticos, reconociéndolos como derechos humanos fundamentales, y darles más peso que a los otros. El derecho de uno normalmente implica un deber por parte de otro, en muchos casos el Estado. Con respecto a los derechos civiles y políticos, el deber del Estado es no interferir, sino dejar a las personas expresarse libremente. Esto no tiene coste económico alguno. Por tanto, no hay razón para que los habitantes de países pobres no puedan disfrutar de los mismos derechos políticos que los de países ricos. Un gobernante de flojas inclinaciones democráticas puede intentar lavarse las manos dando golosinas económicas y sociales en vez de derechos políticos. Puede decir: “Bueno, el pueblo no tiene libertad de opinión, pero tiene atención sanitaria”, o “no tienen derecho de reunión con fines pacíficos, pero todos tienen empleo asegurado”. La dignidad humana y la importancia de la justicia no son más occidentales que asiáticas ni africanas. Universalidad no significa uniformidad. La Declaración Universal protege la diversidad cultural y religiosa. Por tanto, al hacer balance de la evolución registrada en las últimas décadas y trazar un programa para los años venideros, nos debe llevar a la siguiente conclusión: luchemos con todos los medios por elevar el nivel de vida, pero no perdamos de vista lo realmente importante.

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