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Dieciocho de julio

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Dieciocho de Julio de 1936, el pueblo español se levantó en armas contra el tirano que esquilmaba la Patria y que asesinaba sin rubor a quién osase declararse español y cristiano.

Es sólo una fecha y sin embargo no pasa desapercibida, a pesar de los años. Y es que su recuerdo no deja indiferente a nadie; ¿despertará el verdugo de asesinos? Se preguntan unos y otros. Los unos esperanzados; los otros, temerosos.

No, no despertará. Los tiempos son distintos y los españoles han cambiado, para mal. Para mal, una raza de valientes se ha convertido en una raza de capones; para mal, una raza que conquistó mundos; una raza que expandió la Libertad y el Cristianismo, ha degenerado hasta el infinito, convirtiéndose en un remedo de lo que combatieron nuestros abuelos.

Todo lo sucio, todo lo estúpido es hoy muestra de la triste realidad de un pueblo que otrora fuese libre y orgulloso.

Dieciocho de Julio de 1936, el pueblo español se levantó en armas contra el tirano que esquilmaba la Patria y que asesinaba sin rubor a quién osase declararse español y cristiano.

Los asesinos, organizados en el PSOE, en el PCE, en ERC, en el PNV, en UGT, en CNT-FAI, se enseñorearon de España, cubriéndola de sangre, cubriéndola de incendios, y cubriéndola de la ponzoña de su presencia.

El pueblo español, harto de tanto crimen, se levantó en armas contra los genocidas, y los venció, a ellos y a sus amos de la URSS y colaboradores europeos.

¿Las quintas del Ejército español?, las que correspondían. El pueblo se lanzó, voluntario, a comerse al tirano... y se lo comió. El tirano, por contra, forzó la formación de unidades del ejército con levas de quintas que alcanzaban a niños (la conocida Quinta del Biberón es un ejemplo de la actuación de éstos genocidas).

Memoria histórica, señores, memoria histórica, que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla.