Jueves 08/12/2016. Actualizado 01:00h

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La España de pandereta

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Es relativamente triste, muy triste y deprimente ver como se producía en Sevilla (donde si no podría ser), una manifestación del mas puro folklore del cine de Berlanga. Se casaba el bailaor y para mi opinión homicida Farruquito, sí, el gitano que tras llevarse por delante con su Mercedes al desaparecido (gracias a él) Benjamín Olaya, y dejarle tirado en la calle, intentando despues reparar los desperfectos de su automovil a 240 kilometros de Sevilla y haciendo que se autoinculpara su hermano menor de los delitos de atropello con resultado de muerte, abandono de la víctima y conducir sin permiso, como decía, se casaba en Sevilla. En la calle su aparición fue jaleada por cientos de sevillanos con cantes y aplausos acompañados por una patulea de cales con vestimenta puramente macarronica en los que el aspecto de pobretones muertos de hambre que presentaban durante el juicio habia desaparecido. En la iglesia dicen que había mil personas y en el banquete tres mil. No faltaron los vividores del espectáculo y todos aquellos que aprovecharon para comer un día en condiciones cuando ahora mismo esáan en declive profesional. Yo me pregunto si quienes dejaron en libertad a este siniestro personaje, observaron todo ésto y lo tendrán en cuenta a la hora de atender el recurso presentado y lograremos por fin que la justicia a la que un alcalde de este país denominó como "cachondeo", coloque al personaje donde debe de estar, entre rejas durante una larga temporada. Espero que Benjamin Olaya, que se estará revolviendo en su tumba al conocer todo esto, envíe sus energías a los jueces y fiscales para lograr que este personajillo de la España de folklore y pandereta sea metido entre rejas y que nadie se asuste por hacerlo. Decían sus familiares cuando la justicia le pedía una fuerte fianza, que de que iban a vivir pues tendrían que vender lo poco que tenían para poder reunir el dinero. ¿Lo habrán vendido ahora para celebrar esa boda?