Sábado 24/09/2016. Actualizado 01:00h

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La Extremadura triangular

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El sentir provincialista del norte extremeño es algo que por más que se escriba sobre ello desde aquí, desde el norte, no se comprende, o mejor, no se quiere ni comprender ni oír hablar de ello desde más al sur. A pesar de ser una lógica aspiración que debió de retomarse hace tiempo, casi inmediatamente después de cometerse la barbaridad de dividir Extremadura en dos provincias, y no en cuatro como mínimo. La pretensión placentina no es un sueño reciente y sin fundamento, la ciudad pujó y pretendió por derecho ser ella la capital durante la reforma del Sr. del Burgo, cosa que perdió. Pero no por eso debería de dejar de afrontarse de nuevo el problema como algo harto beneficioso para todos, y especialmente para los más de doscientos mil ciudadanos que vivimos en el norte regional. Los tiempos democráticos en los que por suerte vivimos aparcan definitivamente la idea de cualquier tipo de cantonalismo secesionista. Gracias a esto las reivindicaciones de la franja norteña se han reducido, y significan tan sólo pequeñas y modestas batallas que se libran incruentamente y que, a veces, se decantan favorables a los de esta parte del Tajo, consiguiendo algunos logros necesarios y principales, pero tímidos, para su progreso y supervivencia. Y no dejan de ser sólo eso, pequeñas reivindicaciones: "Juzgado de lo social o de lo Penal"; "Alguna Facultad o Escuela Universitaria pequeñita"; "Alguna oficina o delegación mas de las Consejerias"; "Una paradita, si no molesta, del AVE"; ¡Que no se llevan mas cosas! Etc. Nada mas. Porque encima, en muchos casos, las necesidades son reclamadas por el mismo colectivo ciudadano o por las agrupaciones profesionales directamente afectadas; que la actitud reivindicativa de nuestros políticos, para ponerse en marcha, se queda primero "bisoja" de mirar a la superioridad provincial y regional para estar seguros antes de que no molestan ni contrarían. Así difícilmente progresaremos proporcionalmente a lo que somos, y desde luego, en la tarta que deberíamos compartir por igual, nosotros seguimos ocupamos sitio en una fila muy numerosa, y no precisamente en los lugares de cabeza. Cuando se forjaba la nueva estructura autonómica, en los primeros momentos de nuestra bisoña democracia, se convirtió casi en novelesco el deambular de los principales gestores a un lugar intermedio entre Cáceres y Badajoz: "el Kilómetro 40", de lo que dijeron era "la calle mayor de Extremadura". Los representantes de las dos ciudades que se disputaban la futura capitalidad autonómica y la mayoría de las ubicaciones de la nueva representación regional, hicieron de este punto kilométrico la corte de todos los proyectos para el subsiguiente reparto, y constituyo la continuación de otras reuniones primitivas que iniciaron en Trujillo. Se sabe que se incorporo después una tercera población en discordia, que pretendía participar así mismo en las mieles de la tajada institucional de la región. Fue Mérida, y al final fue esta la que se convirtió en capital autonómica. Entre las tres importantes cabeceras de zona se formo lo que se ha dado en llamar "el triangulo extremeño": ¡expresión excluyente a todas luces! Pues, a partir de ahí, admitimos que Extremadura esta institucionalmente triangulada, pero: ¿Dónde esta entonces en ese triangulo la zona norte de la región? Una cuarta parte de la misma no se encontraba definitivamente en la triangulación que se forjaba. Luego se entiende, y es una evidencia, que la parte regional que corresponde a Plasencia estuvo y está marginada. Se puede decir que estaba Cáceres, si, pero como unívoca, en defensa de sus intereses. La reestructuración que se iniciaba en ese momento trascendía de lo provincial para discernir lo regional. Entonces, si hubiera que admitirlo así, fue de nuevo un agravio comparativo: la segunda provincia más grande de España se encontraba con una sola voz, la de la capital provincial. ¿Y Coria, Navalmoral y Plasencia que son los núcleos que aglutinan la bien diferenciada parte septentrional extremeña? Después del reparto, ¿con qué se quedaron institucionalmente hablando? Con nada. Ni tan siquiera tuvo Plasencia opción de disponer de las novísimas delegaciones de las Consejerías que, si bien en un principio alguna llego a tener base en la Ciudad con la extinta UCD, de inmediato las perdió, y tan solo quedo la recaudatoria, hasta hoy, que dispone en un "múltiple"compuesto de sub-oficinas que prácticamente ya estaban, y pare Usted de contar. Luego, la triangularidad que se cita con frecuencia, es como mínimo un insulto constante a la realidad que continúa queriéndose obviar. La parte norte regional no estaba en el triangulo aquel y me temo que sigue sin estar, que es lo grave. Continua el norte esperando una política realista, que acometa una segunda descentralización que racionalmente beneficie a la mayoría, partiendo de criterios contundentes y lógicos: económicos, geográficos, históricos, representativos, etc. Es una auténtica deuda histórica que se tiene con Plasencia y con el norte de Extremadura.

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