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Faltaron nombres en el cuarto aniversario de Irak

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Si hablamos de terrorismo, de guerra y de Irak, tengo que echar en falta en aquel comunicado los nombres de otras víctimas que deberían estar, también, en la mente de todos: quienes dieron su vida por España y el pueblo de Irak, por encima de decisiones y coyunturas políticas que no iban con ellos.

En el comunicado a que se dio lectura tras la manifestación que tuvo lugar hace dos sábados en Madrid con motivo del cuarto aniversario del inicio de la guerra de Irak se hizo mención a diferentes nombres de personas, víctimas del terrorismo, a modo de pretendido reconocimiento a las mismas. Entre ellas, se citaba a Miguel Ángel Blanco o a Ernest Lluch, pero también a José Couso, que fue víctima de un muy desafortunado error, propio de todas las guerras –o, ¿acaso no hablamos de una guerra?-, y de una larga lista de nombres árabes: Mohamed, etc.

Con esos nombres árabes, probablemente querían rendir homenaje a las víctimas civiles inocentes que murieron en Irak como consecuencia de las operaciones militares llevadas a cabo por la coalición internacional de 33 países que intervinieron en aquel país, aunque fueron muchos más los que, con esos mismos nombres, fueron abatidos por ser integrantes de grupos insurgentes iraquíes y, sobre todo, de grupos terroristas iraníes, sirios, libaneses y sauditas que extendieron por Irak una violencia salvaje que aún perdura y cuyas principales víctimas, igualmente inocentes y que se cuentan por miles, también se llaman Mohamed, Saddam, Fatima o Noor.       

Pero, si hablamos de terrorismo, de guerra y de Irak, tengo que echar en falta en aquel comunicado los nombres de otras víctimas que deberían estar, también, en la mente de todos: me estoy refiriendo a Manuel Martín-Oar Fernández-Heredia, Capitán de Navío del Cuerpo General de la Armada; Gonzalo Pérez García, Comandante de la Guardia Civil; Alberto Martínez González, Comandante de Caballería; Carlos Baró Ollero, Comandante de Infantería; José Merino Olivera, Comandante de Infantería; José Carlos Rodríguez Pérez, Comandante de Infantería; José Lucas Egea, Brigada de Caballería; Alfonso Vega Calvo, Brigada de Infantería Ligera; Luis Ignacio Zanón Tarazona, Sargento Primero del Ejército del Aire; José Antonio Bernal Gómez, Sargento Primero del Ejército del Aire y Luis Puga Gándara, Sargento de Zapadores del Ejército de Tierra; quienes dieron su vida por España y el pueblo de Irak, por encima de decisiones y coyunturas políticas que no iban con ellos.

Sin esos nombres, aquel comunicado se convierte en una soflama maloliente y la propia manifestación, deslegitimada, en una burda representación de hipocresía.