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La voz del lector

Feliz Año 2006

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Se acabó el almanaque de 2005. En 31 de diciembre, se suele hacer Balance de ese período, para ver qué se descubre de nuestras vidas. Bastantes, habrán acordado incrementar en su Activo las obras buenas, las cosas bien hechas y en su Pasivo saldar todos los “conflictos” o “deudas”, que hayan ido acumulando con los demás. ¿Cómo? Cada cual sabe lo que debe hacer y enmendar. Muchas personalidades modélicas animan, al inicio de un nuevo año, que se hagan propósitos de: no ser soberbios, porque es el defecto capital más temible; eliminar todos los rencores, resentimientos y odios hacia los demás; no ser hipócritas y engañosos; no poseer una lengua que no sea la humana, se refieren a aquella cuyos bordes exteriores se hallan tan afilados y vibra con tal intensidad, que bien se les podría clasificar en el grupo de los reptiles ofidios. Por eso, las denominamos “lenguas viperinas”; tener mejor espíritu de convivencia; practicar las reglas de urbanidad, aunque sea el saludo entre convecinos y, para el cuadre de estas cuentas, en términos contables del debe, en contrapartida, potenciar los valores humanos, en el haber. Si hay que rectificar, se rectifica, por aquello de: “Los sabios cambian de opinión los tontos nunca. Es de sabios cambiar de opinión más NO de valores” No comparto la frase de un amigo de juventud cuando decía: “Que Dios te conceda para este año nuevo el doble de lo que deseas para mí” Sabia sentencia a priori pero, en cierto modo, lleva el germen de la ley del talión multiplicada por dos. Reflexionen en ella. Las personas con sentido común desean que el año entrante sea mejor que el anterior. Si queremos, podemos convertirlo en un gran año. Además de ser felices, lo de “próspero año nuevo” puede convertirse en realidad. Hay que dormir en paz siempre y, especialmente, la última noche del año para despertar con los sentimientos renovados y comenzar la nueva jornada de este año que abordamos. ¿Será el mejor o será el peor? Salvando las catástrofes naturales, por regla general depende de cada uno de nosotros. Fervientemente les deseo a todos ¡Feliz Año!