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Gobernantes de cuota, pero ¿están preparados?

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A cualquiera de nosotros se nos somete a exámenes, pruebas psico-técnicas y entrevistas "en profundidad" para postular a cualquier puesto de trabajo por cuenta ajena. Lo mínimo que cabe exigir a los que tienen nuestro futuro en sus manos es un mínimo de preparación.

Sr. Director: No será justo que las mujeres ocupen lugares de responsabilidad, ni en la Administración ni en la empresa privada, por su mera condición sexual, tal como pretende el gobierno con su proyecto de otorgarles "prioridad" en su contratación laboral. Tampoco es justo que para ocupar cargos de responsabilidad se nombren a los amigos de toda la vida, sin haber reparado antes en sus habilidades profesionales. Aunque poco más debe esperarse de un presidente del gobierno que a duras penas conoce las más básicas normas de nuestro ordenamiento jurídico.   El flamante nuevo ministro de Industria constituye el más claro ejemplo de ello. Si su predecesor ya dio muestras de su ignorancia, Joan Clos hace a Montilla acreedor a la concesión de algún doctorado Honoris Causa. Y no es extraño, cuando sus logros al frente del consistorio barcelonés fueron, entre otros, la edición de un díptico para depositar selectivamente la basura, redactado en todos los idiomas menos en castellano, la prohibición de camas en los burdeles o el estrepitoso fracaso económico-cultural del Fórum.   A propósito de la OPA sobre Endesa, Clos ha dejado patente su absoluta ignorancia acerca de las reglas fundamentales que rigen la economía: no sabe qué es un índice bursátil, no se aclara con el concepto de reparto de dividendos, e incluso osa afirmar que "un duopolio no puede ser malo" para fomentar la competencia en el sector energético. Es como si me pusieran a mí, que ignoro incluso en qué consisten los primeros auxilios, al frente de nuestra Sanidad. Cualquier ministro debería, al menos, dominar la materia de su competencia, la que le servirá para enfrentarse a sus vicisitudes diarias.   Pero Clos no está solo. A la ministra de Cultura, Carmen Calvo, difícilmente se le podría perdonar su desconocimiento del latín (recordemos su célebre "su señoría, ni pixi ni dixi"), pero pretender un "dominio" internáutico con la letra "ñ", mediante solicitud al mismísimo Bill Gates, demuestra que esta mujer sabe superarse a sí misma. Calvo desconoce que los dominios en internet los gestiona y otorga un organismo autónomo, no Microsoft.   Por contra, a cualquiera de nosotros se nos somete a exámenes, pruebas psico-técnicas y entrevistas "en profundidad" para postular a cualquier puesto de trabajo por cuenta ajena. Lo mínimo que cabe exigir a los que tienen nuestro futuro en sus manos es un mínimo de preparación.