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“Horroris causa” de España

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Sr. Director: En relación a la decisión del Sr. Gabilondo -rector de la Universidad Autónoma de Madrid- y de su claustro, de otorgar el doctorado “honoris causa” a D. Santiago Carrillo, le hago esta reflexión, en calidad de ciudadano y de profesor universitario (por cierto, de Filosofía, como el sr. Gabilondo). 1) No discuto los méritos del Sr. Carrillo en las últimas décadas. Con toda seguridad son mayores que los de su juventud. 2) Tan sólo deseo hacer notar que son varios miles de personas las que fueron llevadas "de paseo" a las afueras de Madrid con la firma del Sr. Carrillo (parece que no por orden suya, pero sí dando su visto bueno a esas órdenes, como responsable de la Junta de Orden Público) por la única razón de ser católicos (y no todos “de derechas”). 3) Conozco al sr. Carrillo. Da la casualidad de que somos vecinos en el mismo edificio. Menos, pero también conozco a su hijo, que vice-rige mi Universidad, con acierto. Le garantizo que no tengo nada contra el sr. Carrillo padre, y menos contra su hijo. 4) Soy cristiano y mi religión me propone el ejemplo de alguien que supo perdonar de manera heroica. No soy quién para juzgar la rectitud de nadie, ni del sr. Carrillo, ni del sr. Gabilondo. Yo no he matado ni he mandado matar a nadie, pero quizá tenga cosas peores de las que arrepentirme que el sr. Carrillo, que seguro que ha tenido una conducta intachable y ejemplar, salvando este "pequeño" escollo. 5) Lo que digo es que no deja de ser sorprendente -al menos a mí me lo parece- que la UAM ponga como modelo de virtudes morales, cívicas y democráticas, como persona que ha contribuido a la paz, la tolerancia (¿religiosa quizá?) y al mutuo entendimiento a alguien que, insisto, seguro lo ha sido la mayor parte de su vida, pero no, al menos, en unas cuantas ocasiones, y en relación a las cuales, por cierto, jamás se le ha visto el menor atisbo de arrepentimiento. 6) Puedo asegurar que el significado de las palabras “concordia” y “reconociliación” lo he entendido, más que por el ejemplo del sr. Carrillo, por el de personas que han tratado de vivir como cristianas, personas como ésas que el sr. Carrillo consintió fueran asesinadas. 7) La historia es como es. Los lógicos hablan del "futurum exactum" para referirse al carácter irrevocable del tiempo. Es posible volverse atrás de las propias decisiones, arrepentirse, rectificar, aprovechar los propios errores para aprender y mejorar, pero lo que es imposible es que lo que ocurrió no haya ocurrido. Le aseguro que si el sr. Carrillo hubiese mostrado el más leve amago de arrepentimiento habría contado con mi comprensión, pues yo también tengo muchas cosas de las que arrepentirme, y yo rezo una oración con la que pido a Dios que "perdone nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden", y procuro, mal que bien, vivir conforme a eso que rezo. Es una desgracia que los políticos se dejen persuadir por los criterios de la mercadotecnia más que por la razonable actitud de reconocer los propios errores, actitud sumamente humana, y cívica, por cierto: la de saberse en deuda, dar gracias y pedir perdón, cuando realmente es justo esto. La Universidad tiene que ser, entre otras cosas, una referencia, pero real, no "de postín", de esos valores cívicos. Y temo que en este caso los criterios del claustro de la UAM hayan sido más los de salir en la foto de lo política, ética y académicamente correctito que los de hacer un servicio real a la sociedad que nos mantiene en el puesto. Esto me duele, como ciudadano, y como universitario. 8) No sé si le serán significativas al sr. Gabilondo las reflexiones de Aristóteles sobre el decoro. Para mí lo son. Y aunque sea por vergüenza ajena (no tan ajena, pues soy tan universitario como él), desearía ahorrarle el lamentable espectáculo que padeció su ex-colega Villapalos tras decidir (también colegialmente) honrar de la misma manera al difunto sr. Erich Honecker, fiel correligionario del sr. Carrillo, y seguramente tan virtuoso como él. “Acato" la decisión de la UAM. Pero nadie puede impedirme que exprese mi sonrojo. Si el sr. Gabilondo, como dice, es el primer interesado en velar por el buen nombre de la Universidad, le participo que en mi opinión no ha sido ésta la decisión que mejor lo demuestra.