Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:21h

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Según algunos periódicos de gran tirada y según sus profetas autorizados, en Euskadi casi nadie sabe lo que es el “Plan Ibarretxe”. De los pocos que lo conocen, no gusta a casi nadie. Incluso entre grandes sectores del nacionalismo moderado, despierta grandes reticencias y no suma apoyos. Además, es completamente seguro que no tiene ninguna opción de seguir adelante, porque no representa a nadie y todo el mundo sabe que todas sus consecuencias son obvia e infinitamente negativas. Entonces, ¿por qué hay que impedir a toda costa que —cuando el proyecto haya conseguido condiciones de ausencia total de violencia- se vote en un referéndum? ¿Por qué todos esos sectores y partidos que suponen que fracasará estrepitosamente el nuevo Estatuto para Euskadi se oponen a que el pueblo lo rechace clamorosamente como ellos pronostican? ¿Cómo es posible que un mismo texto sea explícitamente soberanista e independentista, y simultáneamente oculte una trampa que encubre una salida hacia la autodeterminación? ¿Olvidan PSOE y PP que ya el 15-02-1990 el Parlamento Vasco apoyó por mayoría absoluta el derecho de autodeterminación absteniéndose en la votación los 13 parlamentarios de Herri Batasuna? ¿Y cuál es la coherencia de Batasuna que —sin pedir con rotundidad el fin de toda violencia- apoya por igual el Sí y el No ante una misma propuesta? Señores editores y articulistas varios: Continúen repitiendo la misma crónica una y otra vez si es su deseo; mantengan su inamovible criterio único y persistan en sus amonestaciones y advertencias. Nunca podrán quitar la última palabra al electorado sin dejar la democracia. Todos podemos opinar, aunque indudablemente muy pocos acaparan los periódicos, radios y televisiones. Pero el derecho de decidir reside en el conjunto de la ciudadanía, con un perfecto reparto equitativo de un voto por persona. Y el resultado de las urnas, sea cual fuere, nos obliga a todos.

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