Miércoles 07/12/2016. Actualizado 12:04h

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Libertad de expresión para todos

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Todo ciudadano -con un mínimo de sensibilidad ética y democrática- entiende que las armas y las agresiones no pueden sustituir ni representar jamás los votos ciudadanos. Pero es distinto a que muchos españoles pudieran aprobar el hecho de poder hablar y acordar con ETA su disolución. La Conferencia Episcopal no ha dicho que no se pueda hablar con ETA sino que no es ético reconocerles legitimidad alguna para negociar políticamente. ¿Mesa de partidos, autodeterminación, Navarra...? 

La cuestión del Estado laico ha sido una de las manzanas de la discordia política tanto para los liberales del siglo XIX como para los izquierdistas del siglo XX, envuelta en radicalidad. Con frecuencia se dice, para argumentar el sesgo antirreligioso, que la religión es algo privado y debe estar fuera del espacio público. Tal disparate se basa en dos sofismas, uno confundir religión con fe y otro público con estatal. La fe es privada pero el culto religioso es público; iglesia etimológicamente significa «asamblea», por tanto, reunión pública,. «Público» es concepto distinto de privado y estatal. El Estado es la sociedad organizada políticamente. Los obispos tienen derecho a opinar en público, como cualquier otro ciudadano (como usted y como yo). Si el Gobierno de Zapatero no ha negociado ni va a negociar políticamente con ETA, ¿por qué se escandaliza? ¿Por qué tanto revuelo?