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Madrid y los nacionalismos

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Los madrileños hemos sido objeto de un nuevo agravio. Suma y sigue: recorte de infraestructuras, reclasificación de Mintra, disminución en 235 millones de euros de la cesión anual de impuestos... Ahora Montilla anuncia la denegación de un segundo canal autonómico, algo de lo que ya disfrutan otras comunidades. A ello se añade declaraciones de la ministra Narbona, donde sugiere que el gobierno autonómico es culpable de los efectos de la sequía y de los potenciales problemas de abastecimiento. Algo que en todo caso, es responsabilidad de la Confederación Hidrográfica del Tajo. Esta claro que las relaciones entre las administraciones han de ser fluidas y leales, pues al final de todo estamos los ciudadanos, origen y objeto de la política. Sin embargo, hay quienes entienden nuestras autonomías como el juego del Risk. Un juego de conquista, donde cualquier cosa vale con tal de cambiar el color político de cada región dentro del tablero nacional. Madrid, con su crecimiento económico y demográfico, no merece este bloqueo económico. La presidenta regional ha sido firme en su discurso, buscando la defensa de aquellos a quienes representa. Alguien con sentido de estado, no practicaría esta torpe estrategia de castigo a unos y recompensa a otros, por el buen gobierno de España. Pero si se me permite, el verdadero problema de Madrid a igual que el de otras regiones, es otro. Quizás dentro de su arco político, falte un partido nacionalista. Ellos si que son maestros en explotar el tema de los agravios. Incluso con un sexto sentido, verlos donde nadie más que ellos los ven. Suena extraño, pues la capital siempre ha sido un mantra nacionalista donde se resume el pecado original de todos los males centralistas. Pero ya puestos, podríamos imaginar un futuro con un partido que base su discurso en el resentimiento, en la reinterpretación acomodaticia de la historia y en el egoísmo de no sentirse parte integrante de un proyecto común (al menos, cuando así interese). Sería curioso ver a miembros del gobierno de Madrid, utilizar compulsivamente el argumento del liderazgo en el déficit de las balanzas fiscales autonómicas, la profundización en el autogobierno, o el mosqueo con que alguna otra ciudad vecina pueda salir elegida para organizar un gran evento deportivo. Se pudiera pensar que es algo imposible, pues en la visión canónica del nacionalismo tiene que haber Lengua, Cultura e Historia. Pero casos como el de la Liga Norte, donde se propugna la secesión del norte italiano en una artificiosa región llamada Padania, demuestran claramente que el discurso del "que hay de lo mío", funciona sin necesidad de los anteriores aderezos que forjen el hecho diferencial. A fin de cuentas, el euro es el euro, de aquí a Roma.