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Maragall lamenta haber impulsado el Estatut

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Las declaraciones de Maragall suponen hoy algo más que un insulto al pueblo catalán y al conjunto de españoles porque habiendo contribuido ya a la desmembración del Estado debe inferirse que el ex-presidente perpetró la hazaña gratuitamente.

Algunos individuos prefieren que se hable de ellos aunque sea mal en su intento de pasar a la posteridad como héroes de su tiempo. El ejemplo más reciente es el del ex-presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, quien tras impulsar el nuevo estatuto autonómico catalán, dice ahora lamentarlo.

Su sentimiento debe ser de doble frustración: una por su falta de protagonismo en la aprobación final del texto, y otra por la improbable construcción de un mito basado en su figura. No en vano, su proyecto fue ninguneado por un Zapatero que, en negociaciones nocturnas "tête a tête" con el ínclito Artur Mas, realizó inesperados movimientos con las fichas de un tablero ajeno.

Las declaraciones de Maragall suponen hoy algo más que un insulto al pueblo catalán y al conjunto de españoles porque habiendo contribuido ya a la desmembración del Estado debe inferirse que el ex-presidente perpetró la hazaña gratuitamente. No se entiende de otra forma su confesión de que "no ha valido la pena el esfuerzo". Palabras que revelan su ansia perpetua de protagonismo y de poder aunque una vez abandonado éste sólo sea capaz de dedicar sus esfuerzos a la crítica no sólo de sus adversarios sino incluso de sus correligionarios.

Con o sin arrepentimiento de por medio su legado ha permitido que al segundo tripartito catalán le haya faltado tiempo para iniciar, de la mano de su experto en relaciones exteriores, Carod-Rovira, contactos bilaterales con varias naciones. La finalidad es  disponer de "delegaciones propias" en el extranjero.

Aunque la lógica aconseje esperar a la pronunciación del Tribunal Constitucional sobre el nuevo estatuto antes de iniciar esa pintoresca singladura, la aventura producirá sin duda nuestro ridículo colectivo. Una de las pocas competencias que aún le quedaban al Estado se va al garete por una doble actuación vergonzosa. Siendo malo de solemnidad, Maragall está consiguiendo hacer bueno al Montilla.