Viernes 09/12/2016. Actualizado 20:22h

  • this image alt

elconfidencialdigital.com elconfidencialdigital.com

La web de las personas informadas que desean estar más informadas

·Publicidad·

La voz del lector

11-M: Paralelismos con la Pasión de Jesús

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Analizando fríamente el título, alguien puede preguntar extrañado ¿qué paralelismo puede existir entre ambos hechos? Y quizás, en una primera aproximación, no se pueda dar una respuesta.

Analizando fríamente el título, alguien puede preguntar extrañado, ¿qué paralelismo puede existir entre ambos hechos? Y quizás, en una primera aproximación, no se pueda dar una respuesta. No obstante, cuando uno hace un análisis más detallado, no sólo de los hechos, sino de los personajes, puede ir descubriendo algún tipo de similitud que en principio nos pasaba inadvertida. Si nos atenemos al contexto, las diferencias saltan a la vista: Israel o el pueblo judío era un pueblo ocupado y sojuzgado por el Imperio. España es o pretende ser, si no el Imperio, sí país amigo del mismo. Jesús no participó, al parecer en las revueltas del pueblo judío contra los ocupantes, nuestras víctimas del 11-M tampoco; más bien eran contrarias a las guerras y a la violencia como medio para resolver problemas. Jesús era un hombre amigo de la paz, era La Paz ¿Cómo es posible que la violencia se cebara en Él?

Algo similar ocurrió con los pacíficos viajeros del Corredor del Henares. La muerte de Jesús no podía beneficiar más que a la autoridad religiosa judía que veía en él un elemento incómodo para el mantenimiento de su "status" sociopolítico. ¿Quién podría beneficiarse de la muerte de los inocentes ocupantes de los trenes? ¿Alguien lo ha hecho realmente después del atentado? Este es un aspecto en el que se ha incidido muy poco pero, bien analizado, podría darnos algunas claves sobre su autoría. En el caso de Jesús, los instigadores de su condena fueron las autoridades religiosas, si bien la sentencia la dictó el prefecto del Imperio, para ello lo pusieron entre la espada y la pared cuando le dijeron que si no condenaba al "rey de los judíos" no era amigo del César.

En el 11-M, al día de hoy no sabemos quién condenó a nuestras víctimas inocentes, pero, ¿Creemos que pudieron ser los dos imputados en el auto de procesamiento? ¿Quién pudo dictar tan inicua sentencia? ¿Se nos ocurren nombres de personas o instituciones? El pueblo, en este caso, tenemos la certeza de que no pudo ser, ¿Qué beneficio obtuvo o podría obtener si él fue el condenado? En este punto hay una clara diferencia entre ambas condenas, una con sujeto con nombre y apellidos, la otra totalmente anónima al día de hoy, y yo añadiría que con el deseo de permanecer para siempre en el anonimato. Hasta aquí hemos hablado sólo del condenado, del delincuente, del cordero inmolado y de los que hicieron caer sobre él el peso de la "Ley".

Los actores principales del 11-M fueron los que aplicaron, no sabemos qué ley, contra unos "delincuentes" que iban a cumplir con sus obligaciones personales y sociales, es decir iban, a hacer el bien, al nivel que ellos podían hacerlo y para la sociedad en la que vivían. Podríamos analizar otros muchos personajes que participaron en la Pasión: Me vienen a la mente los amigos que lo niegan, Judas el traidor, pero enormemente arrepentido, ¿dónde están los traidores arrepentidos del 11-M? El "pueblo-masa" que cambia de opinión de un día para otro; difícil de establecer este paralelismo con la masacre de los trenes de cercanías.

La Madre, las madres siempre se comportan como tales ¡Cuántas madres! ¡Cuántas penas! ¡Cuántas esperanzas depositadas en el futuro de sus hijos! Para los que creen en el más allá, aún quedan rayos de luz y el deseo de una realidad más plena, más justa, más solidaria. Ya, entre ellos, no hay distinción de orígenes, de culturas, de lenguas, de eternidades insatisfechas y de justicias siempre deseadas y nunca cumplidas. El "ajusticiado" galileo, según creemos algunos, rompió el techo que nos separaba de nuestro Creador y nos abrió a todos las puertas que creíamos cerradas para siempre. Ahora que celebramos su acogida en la casa del Padre, tenemos una ocasión para, reconociendo nuestras limitaciones, dejarnos transformar y acoger por Él, todos sin excepción. Todo ello sin menoscabo de que la verdad de lo ocurrido se investigue y se trate según las leyes que los hombres nos hemos dado como una forma de convivencia en este mundo.