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Pesadilla o realidad

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“Esto se acaba. Nuestros octogenarios padres, que trabajaron toda su vida y ahora están gravemente enfermos, cuando les visitamos se levantan para que no les veamos en la cama. Mientras nuestros adolescentes hijos duermen todo el día para trasnochar hasta la madrugada. Claro que saben lo que les espera: Un trabajo precario, mal pagado y destinado a la hipoteca eterna. ¿Qué igualdad hemos conseguido? Antes trabajaba 8 horas sólo el marido y sacaban adelante a la familia. Ahora deberían trabajar sólo 4 horas tanto el hombre como la mujer, para cuidar mejor a sus hijos. Y todo ello sin contar la infinita injusticia planetaria, donde la solidaridad reina por su ausencia. Daros cuenta: Son los mismos síntomas de la caída del Imperio Romano, crisis de valores, falta de ideales, baja natalidad, ‘invasiones bárbaras’ que se ocupan casi de todo, dedicación pública sólo hacia lo militar, mientras el pueblo con vocación de jubilado desde la infancia es entretenido con nuevas ‘orgías’ de consumismo y la distracción por edades con Playstation, Internet y televisión.” Tras despertarme de esta alucinación (¿sólo soñada?), comprendí cuál es la única solución al dirigirme hacia mi trabajo donde me ocupo de temas educativos. Pero me surgió una última duda: ¿Estamos consiguiendo que nuestros dirigentes se dejen de discusiones bizantinas y se ocupen del futuro más allá de una legislatura a través de la mejora de la educación primaria, secundaria, profesional y universitaria para toda la ciudadanía durante toda su vida?