Miércoles 07/12/2016. Actualizado 12:04h

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Desde que se produjo el cambio de gobierno en España, los sectores más intransigentes de este país y sus terminales mediáticas han dado carta libre a la paranoia de la conspiración, o en término recientemente ideado a la CONSPIRANOIA. Parece ser, explican estos adoctrinados, existe un minúsculo grupo de pervertidos homosexuales (César Vidal los enumeraba en un 0,04% hace poco en su púlpito), es decir todos ellos, que se dedican a intentar destruir la sociedad, los valores tradicionales, la familia... no se sabe con que fín, pero con ayuda del inepto presidente del gobierno y de los sabios de Sión. Exhiben con hilaridad que en dos meses se han celebrado 30 bodas entre personas del mismo sexo, sin ser capaces ni tan siquiera de razonar que tal vez no seamos tan degenerados, que quien se casa se lo plantea antes, y más quien decide adoptar un niño. La incapacidad de respetar la diferencia o el miedo a descubrir su libertad interna teniendo conciencia de ella, hace que muchos individuos acudan a una institución dogmática con la que evitar plantearse ciertas cosas, pero de ese fast-food de la conciencia que es hoy en día la Iglesia Católica no se puede imponer a cada individuo sus máximas. A algunos no nos gustan las hamburguesas. Pero vamos, que seguramente tienen razón los que creen en la conspiranoia, un minúsculo grupo de degenerados contra la civilización y sus gloriosos 2000 años de realización del reino de Dios en la tierra. Lamentable.