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Política y relatividad

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Un conocido chiste de vascos dice que se conoce a un pianista vasco, porque todos los pianistas, cuando van a tocar, acercan el taburete al piano, los —pianistas- vascos, se sientan en el taburete y acercan el piano. El PP desde la llegada de Aznar, ha aplicado esa estrategia —la del pianista vasco- al espectro político español, cuando Aznar se sentó en su “taburete”, acercó el centro político al mismo, de manera que el nuevo panorama político quedó como sigue: el PP en el centro, a partir de ahí todo es izquierda o extrema izquierda, o sea, el centro ocupado por el PP y el resto serían radicales. Esa misma filosofía se aplicaría a todo: nosotros nos sentamos en el taburete y acercamos la verdad, de forma que el resto sería mentira o simple manipulación. Esto tiene explicación científico-matemática que se basaría en la famosa “teoría de la relatividad”. Como bien sabemos, nos movemos en un universo de tres dimensiones —espaciales-, existen otros universos de distintas dimensiones, que conozcamos el de dos dimensiones —el plano-, el de una dimensión —la línea- y el de cero dimensiones —el punto-. Pues bien, si nos basamos en un universo de cero dimensiones, está claro que ese universo se limitaría a un punto, ese punto ocuparía todo el universo no existiendo —en el mismo- nada fuera de ese punto. Quiere decir que para ese punto el Universo —con mayúscula- sería él. Pues bien, el PP ha hecho un universo en el que él se coloca en el centro del mismo y hace una generalización de esa relatividad de un espacio de dimensión cero —pensamiento único-, a la totalidad del Universo, de forma que no sólo sería el centro, sino que ocuparía la totalidad del espacio político, quedando el resto fuera de las leyes -que aplica-. Que alguien se decante libremente por una opción en el uso de sus libertades democráticas, no significa que el resto de la sociedad se tenga que decantar por esa misma opción, pues cada miembro de la sociedad, en el uso de esas mismas libertades democráticas, puede optar por la opción que le parezca más conveniente. Tratar de imponer a la totalidad una opción personal, por muy buena que sea, se llama de una forma que no es democracia.