Viernes 09/12/2016. Actualizado 11:43h

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Políticos en la maleta

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De un tiempo a esta parte, los políticos parecen haber perdido tanto crédito que, por lo general, la ciudadanía se aferra al concepto de lucha social para defender valores o ideales. El cauce por donde fluyen los intereses del pueblo ya no es la política ni los políticos sus gondoleros. Es más, lo idóneo para, como se dice vulgarmente, sacar algo adelante, consiste en mantenerlo al margen de la profesionalizada misión de servir al pueblo.

 

La pugna partidista por ostentar el gobierno ha alejado de una manera visible a los actores políticos de los ciudadanos a quienes representan. Parte de responsabilidad en ello podría achacarse a la actual Ley Electoral o al juego mezquino y peligroso de "hacer política", que no es otra cosa que ceder y ceder la voluntad de los que han votado para acceder al poder tan deseado. Por esta razón, un político en la actualidad no es buen compañero de viaje. No compensa llevar un político en la maleta. Se convierte en arma arrojadiza, excusa, justificación o argumento, si cabe, para deslegitimar cualquier causa.

 

La guerra de Irak no tenía sentido y la presencia de Zapatero tras la pancarta empañaba el objeto de la protesta. El Partido Popular ha anunciado su adhesión a la movilización del 18J en defensa de la familia y, probablemente, los convocantes deban realizar un esfuerzo añadido para despolitizar los mensajes. "Yo politizo, tú politizas, ellos politizan" sinónimo de búsqueda única y exclusiva del engaño para justificar decisiones, para poder seguir gobernando o para sobrevivir políticamente.

 

¿Qué les pasa a los políticos? La gente les vota pero luego se ve obligada a echarse a la calle para reclamarles un gobierno responsable de las instituciones. Ha ocurrido con Aznar y vuelve a suceder con Zapatero. Pero los políticos no responden, parecen autómatas dedicados en exclusiva a sus asuntos, en muchos casos, asuntos personales o partidistas, nunca cívicos.

 

Miren si no de reojo a Galicia, donde vuelven a recuperarse imágenes electorales de paseos por la calle, saludos y abrazos a los vecinos, promesas con fecha de caducidad hechas por políticos que no caducan nunca. ¿Será bueno que Rajoy acuda junto a la masa anónima a defender a la Familia? ¿Lo convertirá eso en un líder pancartero como otrora fuera catalogado Zapatero o realmente cree en lo que hay escrito en la pancarta?

 

Si esto último es cierto, bienvenido, pero no olvide que la gente le exigirá que su actitud y comportamiento del sábado tengan fiel reflejo en su próximo programa electoral, al margen de los vaivenes del oleaje político. Si ha de remar a contracorriente, no tendrá problemas en encontrar gente que quiera compartir con usted el remo.