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Los Príncipes en Hispanoamérica: visión de un español ecuatoriano

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Sr. Director: Me atrevo a escribir estas palabras impulsado por la reciente festividad de la Hispanidad, importante día para más de cuatrocientos millones de personas situadas a ambos orillas del Atlántico. Soy un hijo de ecuatorianos que el destino trajo a España hace ya quince años, por lo que mi corazón se halla dividido entre el país que me vio nacer y el que me acogió como uno más de los españoles.

 

Cuando día tras día surgen nuevas teorías sobre si España debe buscar su posición estratégica junto a sus aliados europeos o si por el contrario debe hacerlo al amparo del sus amigos de Norteamérica, yo me pregunto por qué cae en el olvido la comunidad hispanoamericana, durante tantos siglos unidos por estrechos lados de afecto.

 

La comunidad hispano-americana se encuentra en la actualidad en un proceso de evolución en el que busca con ansiedad puntos de referencia sobre los que cimentar su tremendo potencial; lamentablemente sus iniciativas carecen de unidad de criterio, dispersándose sus muchos proyectos sin un líder capaz de aglutinar sus ilusiones y concentrar sus esfuerzos.

 

España a veces parece hacer oídos sordos cuando desde el otro lado del Atlántico, reclaman el apoyo necesario para salir adelante. Escasos son los gestos que se perciben provenientes desde la llamada "Madre Patria", pero hay uno que podría ser clave para reforzar la posición de la comunidad hispana en Estados Unidos y para unificar esfuerzos democratizadores en los países hispanoamericanos: el papel de los Príncipes de Asturias.

 

Su estratégico papel deviene de su significadora presencia en las transmisiones de poderes presidenciales y de su empeño constante apoyando a la cultura hispana diluida en gran número de estados de la primera potencia mundial, animando a los jóvenes a cultivar la lengua de sus antepasados, a fomentar nuestra propia cultura, a compatibilizar las tradiciones con la modernidad.

 

Una comunidad tan presente en los Estados Unidos como para decantar las próximas elecciones presidenciales de noviembre, no puede pasar desapercibida para España, y la labor de la monarquía y más concretamente del Príncipe de Asturias, ante pueblos hermanos donde se les respeta y quiere como propios debiera potenciarse, jugando un papel de liderazgo y cohesión entre jóvenes que miran al futuro con ilusión pero con incertidumbre, siempre ajenos a avatares políticos efímeros que en ningún caso pueden hacer olvidar los innumerables vínculos existentes.

 

Lamentablemente todavía hay personas en España que no quieren reconocer la importancia de la Corona, institución que como recoge la Constitución, ejerce una representación especial con las naciones de su comunidad histórica, mientras que los que como yo nacimos lejos de España, buscamos con ahínco su patronazgo y tutela, valorando cada gesto de apoyo como un soplo de esperanza hacia un mundo hispano unido inspirado en valores democráticos y solidarios.