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La voz del lector

Roma no paga traidores, La Casablanca tampoco

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Desde Washington tenían bien claro hace tiempo que la candidatura americana para albergar los Juegos Olímpicos de 2012 estaba condenada al fracaso. Las esperanzas de Nueva York habían quedado enterradas por la escasa concreción de un proyecto incapaz de presentar un consenso para la construcción del estadio olímpico.

 

Una vez el alcalde Bloomberg y la administración Bush fueron conscientes de que no triunfarían en este envite, pusieron a trabajar a toda su maquinaria diplomática con un único propósito. París no podía ser olímpica. Condololeezza Rize y los suyos trazaron una estrategia perfecta. Con la base del divide y vencerás, la diplomacia estadounidense envió a la candidatura de Londres a la guerra frontal contra la apuesta francesa para así crear dos bandos bien definidos. Una vez logrado este propósito tan sólo restaba asegurar que los escasos apoyos que Nueva York encontraría en el COI, serían correctamente redireccionados una vez la Estatua de la Libertad viera alejarse el fuego olímpico.

 

El eje anglófilo sabía que tenía las de ganar. La imborrable sonrisa de Lord Coe escondía algo más que la enorme capacidad de un atleta de época para transformarse en un líder de leyenda. El campeón olímpico de 1500 metros en Moscú 1980 se bastó por si mismo para llevar el peso de una candidatura en pañales con un padrino muy poderoso, y asestar el golpe de gracia al único jefe de estado presente en Singapour, Jaques Chirac.

 

Hasta aquí una reflexión que pone bien a las claras que en este senado romano del siglo XXI que representa el COI, británicos y americanos son los más hábiles, mientras que Alberto de Mónaco es de largo el más patoso. Y es que menos de veinticuatro horas después de que el regio submarino enviado por París para torpedear a sus rivales, intentara patrimonializar el terrorismo como algo tan español como la paella o la siesta, la sinrazón sacó la fusta para golpear duro, muy duro en la capital olímpica.

 

A esta hora no se sabe cuántas víctimas arrojará el ataque sobre Londres. Anteriores y tristes recuerdos nos invitan a no realizar conjeturas sobre la autoría, pero todas las miradas apuntan al mismo sitio. Un día después de celebrar una de sus mayores alegrías de los últimos tiempos, la capital británica se prepara para un luto que será recordado en la misma medida.

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