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Septiembre, divorcio

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Septiembre es mes de exámenes, incluso de cuestiones trascendentales. A la cabeza, desde hace unas décadas, el "examen del matrimonio". El divorcio tiene máxima incidencia tras las vacaciones. Carlos de Inglaterra se divorció en septiembre de 1996. La nueva ley del divorcio exprés puede arruinar este otoño muchos matrimonios. La vuelta tras las vacaciones se acompaña de tristeza e irritabilidad en 38 % de los que tienen entre 35 y 50 años. A veces aparece una auténtica depresión. Tomar decisiones bajo estas circunstancias es un disparate: garantizado el error. Si la decisión afecta al matrimonio, causará un sufrimiento irreversible. La tendencia divorcista actual no ayuda a superar el "examen del matrimonio" de este otoño. En España hemos pasado, desde 1998 a 2002, de 57.000 a 75.000 separaciones anuales y de 36.000 a 42.000 divorcios, con mayor incidencia en Septiembre. Sumando los abortos (50.000, en 1996; 80.000, en 2003; INE), el daño que hacemos a la sociedad es aterrador. Debemos superar nuestra depresión tras las vacaciones y tenemos que ayudar a nuestro cónyuge a salir de la suya. Acabemos con los divorcios demoledores. Deberíamos aplicar en esto, como en todo, los consejos de la homilía de Benedicto XVI en Marienfeld: acudir al Catecismo: "El divorcio es una ofensa grave a la ley natural". "Es inmoral por el desorden que introduce en la célula familiar y en la sociedad". "La víctima inocente del divorcio civil no contradice el precepto moral" "Una nueva unión, aunque esté reconocida por la ley civil, aumenta la gravedad de la ruptura" (Catec. Catól, 2384-23-86).