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¿Quién es ZP?

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ZP es un soporte publicitario (eslogan) surgido de las propias filas socialistas -tal vez de un caletre eviterno- en la pasada confrontación electoral. La hábil estratagema, no exenta de cierta dosis de picardía, conlleva el riesgo de que utilizar la metonimia como fondo de reclamo en cualquier venta, arrastra la terrible secuela de desnaturalizar, despersonalizar en este caso, de modo apenas reversible al ente así tratado; la esencia se convierte por tanto en un puro juego de siglas sin vocación de designar. De momento, ZP es un acrónimo.

ZP es un soporte publicitario (eslogan) surgido de las propias filas socialistas -tal vez de un caletre eviterno- en la pasada confrontación electoral. La hábil estratagema, no exenta de cierta dosis de picardía, conlleva el riesgo de que utilizar la metonimia como fondo de reclamo en cualquier venta, arrastra la terrible secuela de desnaturalizar, despersonalizar en este caso, de modo apenas reversible al ente así tratado; la esencia se convierte por tanto en un puro juego de siglas sin vocación de designar. De momento, ZP es un acrónimo.    

Anoche, en un programa de televisión, Amilibia, veterano periodista, presentaba su último libro bajo el título, aventurado si no irónico, de "El diario secreto de ZP". El entrevistado reveló sin recelo que el protagonista de su obra era un tipo nada inclinado a dejarse conocer a causa de una personalidad confusa, incolora. Sin mencionarlo ex profeso abrió la puerta, lo entendí al menos, a un carácter un tanto ambiguo y maleable. Es lógico suponer que su conocimiento del prócer le llevara a estas valoraciones, aunque toda la entrevista se desarrolló en una atmósfera de sano, o no tanto, desenfado. Sin estar en desacuerdo con Amilibia, también yo afirmo que conocer a ZP es un reto imposible, discrepo en las razones. El personaje es un experto en palabrería, en dorar píldoras y domina como nadie el arte del ocultamiento (aquí se encuentra el secreto que le permite salir indemne de todo afán calificador o de adscripción).

Certero psicólogo quien lo adjetivara de Bamby, ajustado ojo clínico el del perito en estimar la condición humana. El error es de los que hacen época. ZP carece de la debilidad que se le presume; es tercamente sólido en su afán inexorable de conseguir todo lo que proyecta sin importarle en absoluto si su andadura, en ocasiones, ha de realizarla fuera del sendero; es el paradigma del "corres bien pero fuera del camino".     Yo tampoco sabría definir al individuo. Soy uno de los timados por un carácter complejo, muy particular; formo parte del numeroso e incrédulo grupo de damnificados por su trayectoria pública. Si nos atenemos a los hechos, haciendo una abstracción de los mismos para evitar desorientaciones producidas por elementos aberrantes propios de cualquier fenómeno, ZP anhela sin otra ambición, bajo el estímulo de no sé qué proceso mental extraño e inquietante, hacer un paréntesis en la Historia, distraer de la misma los 70 últimos años y trocar los acontecimientos al conseguir para la Segunda República -algo alterada por una monarquía dizque republicana- el triunfo de los nacionalismos, más o menos independentistas, y la materialización de las dos Españas. Sólo de tal forma se entiende la textura de un gobierno de puro trámite -fiel pero ineficaz-, su actitud ante los nacionalistas, la venia u ordenación del famoso "cinturón sanitario" para aislar al PP y su afán de borrar cualquier vestigio desde el año 36. ¿Qué pretende con el Estatuto de Cataluña; monopolio personal suyo, y del engatusado Mas, cuando ya le parecía imposible hasta a Izquierda Republicana? ¿A qué viene ahora una ley de Memoria Histórica que tiene como único objetivo nuevo la desaparición de todo símbolo o seña del bando ganador? ¿Por qué desea que la España actual tenga como exclusivo antecedente histórico la Segunda República? Estos y otros interrogantes me confirman la tesis de que este hombre es un iluminado al que le importa un pito el país, menos sus moradores. Otra legislatura y verá cumplido el sueño de un abuelo que se llevó, con él, una guerra estúpida y perversa. Sería un digno homenaje a su memoria; también, es probable, a la de otros que anteponen una ilusión rediviva al bienestar de los demás.     

"Todo poder es absoluto", afirma Alain y lo detenta un genio o un loco. No sé quién, ni qué, es ZP; pero voy conociendo (y temiendo) lo que quiere hacer con la connivencia de muchos incautos o desaprensivos cuya (ir)responsabilidad puede generar una f(r)actura angustiosa.