Jueves 08/12/2016. Actualizado 01:00h

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La voz del lector

¿Está Zapatero en la UCI de la política?

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Señores, yo me pregunto. ¿Desde cuándo la Justicia debe ir a remolque de los intereses del Ejecutivo?

Creo que ahora, precisamente en este momento en que hemos podido constatar, de una manera trágica, la verdadera naturaleza de la banda terrorista ETA; no estaría de más insistir sobre un tema que ya expuse hace algún tiempo y que, por desgracia, el tiempo y el cambio de enfoque político motivado por el último atentado, me ha venido a dar la razón.

De nuevo, por desgracia, debemos poner sobre el tapete de la opinión pública, el tema de la Justicia. Si alguna duda hubiéramos tenido respecto a la forma dirigida de enfocar la justicia adoptada por determinados jueces y fiscales durante los pasados meses; visto lo visto y ateniéndonos a las apresuradas, y un tanto dislocadas, actuaciones de los que tienen a su cargo la aplicación de las leyes; ahora se nos habrían desvanecido por completo. Parece como si el atentado de marras hubiera tenido la virtud de despertar de su aletargamiento a la Justicia y la hubiera hecho regresar a la realidad. Porque, veamos señores magistrados, ¿qué ha cambiado en la legislación española desde antes del atentado a después de que éste se haya producido? ¿Ha variado, por ventura, la doctrina del Supremo o el Constitucional respecto a la aplicación de las leyes contra los delitos de terrorismo contemplados en el Código Penal y en la Ley de Partidos o puede ser que, de pronto, todos los que antes no se consideraban delincuentes y se les miraba como simples gamberretes, de golpe y porrazo, hayan devenido en malhechores de la peor especie? ¿El señor Otegui era antes un colaborador a quien proteger y ahora, sin comerlo ni beberlo (es un simple peón del juego de ajedrez en que está empeñada la ETA) se ha convertido en un elemento de cuidado?

Nada de todo esto, se trata, simplemente, de que el Gobierno antes tenía fijadas unas directrices y ahora, para intentar salvarse del abismo en el que ha caído, las ha cambiado. Quiere dar a los ciudadanos una sensación de dureza y energía donde, hace sólo unos pocos días, se mostraba comprensivo y pacifista; quiere dar la impresión de que tiene dominada la situación cuando, en realidad, va dando bandazos de un lado a otro, en un intento estéril de salvar lo que pueda del naufragio; buscando desesperado un cabo al que agarrarse para evitar la debacle que se le puede venir encima en las próximas elecciones municipales y autonómicas; y para ello, señores, precisa urgentemente de la colaboración del aparato de la Justicia; quiere que aquellos magistrados y fiscales que se mostraron tan condescendientes con los etarras, durante el tiempo que duró la fracasada conferencia para la paz, se transformen de repente pasando de ser doctor Jekill a convertirse en el desalmado mister Hyde y que, donde había comprensión hacia el delito haya ahora mano dura; que, donde se alargaban los plazos, ahora se actúe con la máxima diligencia; que, donde había órdenes de no interferir en el "proceso de paz" y esconder todo lo que pudiera perturbarlo, se cambie de estilo y se procure indagar, buscar y cazar, cuanto antes, a cualquiera que pudiera ser sospechoso de pertenecer a la banda, para darle un escarmiento ejemplarizante.

Y, señores, yo me pregunto. ¿Desde cuándo la Justicia debe ir a remolque de los intereses del Ejecutivo? Pues, da la casualidad, que esto viene ocurriendo desde que un iluminado Presidente del gobierno se le metió entre ceja y ceja que una buena manera para intentar perpetuarse en el poder era arreglar a su particular manera el asunto del terrorismo. No le ha importado para ello indisponerse con muchos de los "barones" de su propio partido; tampoco ha hecho caso de lo que opinaba gran parte de su propio electorado; y me imagino que, incluso, ha pasado por alto las opiniones de sus propios consejeros, dejándose llevar por sus utópicas elucubraciones sobre la paz mundial y la consecución de un posible Nobel; para lanzarse con los ojos cerrados a la piscina de la inconsciencia y la temeridad. Bien, ha conseguido lo que buscaba; bueno, no exactamente lo que buscaba, sino lo que era lógico que ocurriera o sea que se ha dado el gran barrigonazo y, como le ocurrió al gran Don Quijote, los molinos representados por una imaginaria ETA, rendida y complaciente, se le han antojado gigantes a los que facilmente podía vencer con la fuerza de su convicción y su tozudez; pero, mira por donde, han resultado ser molinos de cal y canto contra los que se ha estrellado y ha salido, de tal encuentro, volteado y hecho unos zorros. Ha permitido que la Justicia quedara desacreditada ante los ojos de los ciudadanos; ha quedado en ridículo ante toda la Nación y, para más INRI, se ha resistido a reconocer su error garrafal de haber intentado entablar una negociación con los asesinos de la banda; procurando ganar tiempo, escurriendo el bulto todo lo que le ha sido posible y, cuando no le ha quedado más remedio que dar la cara, aún ha insistido en prolongar lo máximo posible su comparecencia ante las Cortes, aplazándola para dentro de unos días.

¿Qué nueva insensatez se le ocurrirá, para justificarse? Vaya usted a saber pero, sea lo que fuere, me barrunto que, en el campo de la política, el señor Zapatero ya no es más que un enfermo deshauciado, a quien no le queda más que esperar a que alguien le practique la eutanasia. ¿Será acaso la desaparecida señora Vicepresidenta quien lo haga? El tiempo lo dirá.