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Zapatero: dos divisiones, un mandamiento verdadero

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Zapatero tiene tan asumido el lenguaje "etabatasunés" que a nadie debería ser extraño la utilización de palabras como conflicto, territorialidad, represión, paz, derecho a decidir, accidentes y la variopinta jerga anexa.

Estimado Director: La reiterada equivalencia de accidente con atentado terrorista que hace Zapatero y denunciada por los presidentes populares de CC.AA., podría ser consecuencia del dicho matrimonial cuando se quiere que uno de ellos esté a favor de algo: dos que se acuestan en la misma cama piensan lo mismo.

Zapatero tiene tan asumido el lenguaje "etabatasunés" que a nadie debería ser extraño la utilización de palabras como conflicto, territorialidad, represión, paz, derecho a decidir, accidentes y la variopinta jerga anexa. Mas relevante que eso resulta el multicolor estampado de banderas autonómicas para despreciar la palabra de los presidentes: ante la alusión de Ramón Luis Valcárcel a este "equívoco" del accidente y la propuesta de rechazo total a ETA, el presidente Zapatero como quien oye llover ni responde y lanza su monolítico discurso.

Si el atentado de la T-4 apuntala el cuarteamiento del espíritu de Ermua, lo que sí pone en solfa es el fantasma del Tinell. Continúa en Cataluña el mismo tripartito que lo fundó, esta vez con fachada menos estridente pero con la misma marca radical registrada (okupas, expropiación de pisos, multas al castellano y normalización lingüística, desarrollo nacional estatutario,...). Por eso, el proyecto Zapatero más que la anécdota del "accidente" es el distanciamiento entre regiones que supone división territorial; y la división entre españoles con el primer paso de marginar a la voz política (PP) de la mitad de los españoles, para lo que necesita aglutinar socialistas, radicales, nacionalistas e incluso los que apoyan a los terroristas.

Dos divisiones, un mandamiento verdadero es el que impone este Gobierno para la perpetuación de su régimen. Ubicado en Europa no es tan fácil este peculiar modelo chaveriano, pero que nadie se confunda cuando dicen que el actual presidente del Gobierno no tiene programa de Estado. Sólo es necesario proyectar luz ante su ocultismo para pronto -mejor mañana que pasado- decidir en la urnas, si es eso lo que todos queremos para España.

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