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La voz del lector

Zapatero pincha en hueso y todavía pide la oreja

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Un gobierno puede emprender un camino erróneo; pero cuando se da cuenta de que no hay más trecho que recorrer debe recoger velas.

Era lo previsible. No sabíamos cuando ocurriría, pero conociendo a los de la ETA, era previsible que no dejaran pasar demasiado tiempo sin dar muestras de lo que son capaces de hacer. Pusieron un plazo, el día 21 de diciembre, para que se les diera lo que andaban buscando: no se les dio, y han actuado en consecuencia.

No debemos extrañarnos, según su manera de pensar es la forma de darle una bofetada de aviso al Gobierno para que se ponga las pilas y se apresure en aceptar sus condiciones. Se han empleado a fondo y han conseguido su objetivo plenamente. Cargarse la T4 del aeropuerto de Barajas requiere experiencia, medios, estructura operativa y. mucha mala leche; y de todo ello andan sobrados los etarras por lo que hemos podido apreciar.

Hasta aquí, todo normal. Todo normal desde el punto de vista de la banda, pero ¿qué podemos decir de la reacción del Gobierno? Pues, que quieren que les diga, la verdad es que les ha cogido a medio vestir, con los pantalones colgando como quien dice. Ellos deben ser los únicos ciudadanos de este país que no se lo esperaban; y prueba de ello fueron las prepotentes declaraciones del señor Zapatero, sólo un día antes del atentado. Ya se sabe "por la boca muere el pez", y el señor Presidente pecó de optimista o bien tuvo necesidad de intentar dulcificar sus recientes traspiés en el famoso "proceso de paz", pero ello no obsta a que el ridículo haya sido de dimensiones descomunales. Por desgracia, parece que la banda se excedió y causó algunas víctimas lo que, seguramente, les tiene sin cuidado y es probable que, los más sanguinarios, se alegren de ello. Pero hay algo que, si cabe, resulta más incomprensible para la ciudadanía.

Un gobierno puede tener un tropiezo, se puede equivocar en una iniciativa, puede emprender un camino erróneo; pero cuando se llega al punto en el que se da cuenta de que no hay más trecho que recorrer debe recoger velas, excusarse e intentar buscar otras salida, algo así como ha hecho el, tan denostado, señor Bush con el tema de Irak cuando los demócratas le han dado un varapalo en las urnas.

Resulta inadmisible, un atentado contra la inteligencia de las personas y un desprecio para la ciudadanía que lo único que se le haya ocurrido al señor Zapatero, para salvar la cara, es anunciar una "suspensión de las negociaciones con la banda", ¿qué más tienen que hacer los etarras para que usted se decida a darles, de una vez, con las puertas en las narices?, ¿se da usted cuenta de la impresión que sus palabras han causado en el pueblo español? Si ya sospechábamos de su debilidad frente a los etarras, su actitud en la rueda de prensa no puede ser tenida en cuenta más que desde la óptica de una persona desesperada, entregada por completo al enemigo y sabedora que, la única salida que le quedaba para justificar esta legislatura, se le había volado con la explosión de la dinamita en Barajas.

El empecinamiento en "mantenella y no enmendalla", señor Presidente, resulta ofensivo para los españoles y demuestra su poca cintura política que, en este caso, requería un rápido acercamiento al partido de la Oposición para retornar al Pacto contra el Terrorismo y ponerse, de inmediato, a la labor de recomponer todo lo que, con esta larga tregua se ha descompuesto. Recuerde que, cuando tomó usted el poder, la ETA estaba casi vencida, contra las cuerdas; pero ahora, gracias a su incompetencia, se ha podido rearmar, recomponer y preparase para una nueva etapa de violencia.

Por si fuéramos pocos ustedes, los socialistas, avanzan a impulsos, intentando reparar sus errores con parches y continuas rectificaciones; como ocurrió en el caso de sus inoportunas palabras cuando calificó de "accidentes mortales" los asesinatos de ETA (luego rectificadas por la Moncloa) y hoy mismo ha tenido que salir, a reparar su metedura de pata, el señor Blanco para decir aquello de:" donde digo Diego digo digo". En fin, que no se puede dar un espectáculo más lamentable y vergonzoso que el que ustedes están representando, y que, si no fuera por las imprevisibles consecuencias que nos pueden traer a los electores sería, sin duda, digno de un sainete de don Carlos Arniches. Y ahora los perplejos ciudadanos nos preguntamos inquietos: ¿qué viene después?, ¿cuál será la próxima aventura en la que nos van a meter? Por de pronto, preparen sus faltriqueras para lo que nos espera este año. A mí no se me ocurre, con todos mis respetos, otra solución viable que no sea la de que, el señor Presidente, líe el petate y se vaya de veraneo perpetuo al parque de Doñana, sería lo mejor para todos.