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Lo que sea por la audiencia

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Está claro que el medio televisivo camina hacia el mal gusto, la vulgaridad y la mediocridad.

Tormenta en la Cuatro, la nueva televisión en abierto del Grupo Prisa, afecta al espacio de Iñaki Gabilondo. Solamente los dos primeros días superó un “share” del l0%. La reacción de Gabilondo, según El Confidencial Digital: “O esto sube o me voy”. La batalla por la audiencia televisiva no conoce límites.   Las distintas cadenas de televisión estadounidenses luchan con todos los medios para privar de telespectadores a la competencia. Por ello, las grandes cadenas incrementaron los programas sensacionalistas, de erotismo..., todo cuanto roza los límites de lo permitido.   Llegó la reacción de los anunciantes que decidieron retirar su publicidad de aquellos programas que atentaban contra la moral, las buenas costumbres y los principios de la libertad y la convivencia. Para estos anunciantes estadounidenses las cadenas de televisión habían llegado demasiado lejos, con el objetivo de ganar audiencias.   Está claro que el medio televisivo camina hacia el mal gusto, la vulgaridad y la mediocridad. La violencia, el sexo, el morbo por la vida privada, la inexistencia de los más elementales valores morales, éticos o sociales. Y todo ello fundamentado sólo en un objetivo de crecimiento, en la búsqueda de una mayor rentabilidad.   La publicidad tiene que exigir el cumplimiento de un código ético, en todos los espacios donde se vayan a emitir sus spots. Sería caer en un error suponer que todos los programas son perniciosos, que no pueden emitirse para el ciudadano de hoy.   Sólo recordar que existe una frontera entre lo correcto y lo incorrecto, lo violento y no violento, lo moral y lo inmoral. Y que ese límite no puede ser traspasado por respeto a todos los telespectadores. Porque esto sí que sería mal gusto televisivo.