Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:00h

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El bienestar se mide por la renta

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Hoy en día se publican gran cantidad de datos, con los que se pretende retratar la realidad. Pero, a veces, los números esconden trampas. Por ejemplo, ¿cuántos pobres hay en Estados Unidos, o en cualquier otro país? Depende de dónde se ponga el límite de ingresos. Teniendo en cuenta la elevación del nivel de vida, el organismo competente, proyecta subirlo de 20.000 a 25.000 dólares anuales (para una familia de tres miembros). Entonces, de la noche a la mañana habría doce millones de pobres más. Si se quiere medir el bienestar, el metro adecuado es el consumo, no la renta. No son lo mismo, especialmente entre los pobres. La tasa de pobreza nos dice cuántos norteamericanos tienen ingresos bajos, no qué pueden comprar. Lo mismo es aplicable a España. ¿Cómo es posible que las familias pobres gasten más de lo que ganan? Muchas perciben ingresos, sobre todo en los EE.UU., complementarios a través de la asistencia social, vales canjeables por alimentos, subsidios de paro, atención médica gratuita, subvenciones directas y otras ayudas, que las estadísticas no contabilizan. Y las estadísticas de pobreza no tienen en cuenta el patrimonio, que puede ser más importante que los ingresos corrientes. Los pobres han ido teniendo acceso a cada vez más bienes. Las estadísticas oficiales, de los países desarrollados, muestran que las familias de renta baja poseen muchos artículos que se consideran propios de la clase media. Esto sugiere algunas reglas para cualquier informador, como: desconfiar de los datos provenientes de fuentes interesadas, dejar claro que el número que se acepta es sólo una estimación, y, si luego resulta ser erróneo, reconocerlo. Pero también los destinatarios de las noticias deben guardarse de exactitudes espurias y de inflación manifiesta. Nunca exagerar.

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