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¿Es bueno que los matrimonios duren?

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El divorcio es fuente de problemas individuales y sociales mucho más graves que los de cónyuges en seria y dolorosa desavenencia.

Una inmensa mayoría de la población considera que es socialmente bueno que los matrimonios duren. Estas personas no son insensibles a que parte de la sociedad, y el Derecho, faciliten la ruptura.   Hace algunos anos, anoté una desconcertante pero exacta afirmación, con que terminaba un programa televisivo en los Estados Unidos, sobre cómo el divorcio estaba cambiando el país. Textualmente decía así: “Si los niños tuvieran el voto no habría divorcio en este país”.   El divorcio es fuente de problemas individuales y sociales mucho más graves que los de cónyuges en seria y dolorosa desavenencia. Lo que en teoría se presenta -por los partidarios del divorcio- como un mal menor se convierte en la realidad práctica, en origen de mayores males.   Hoy en día el divorcio es aceptado como un hecho de la vida moderna, imprescindible para la felicidad, la válvula de escape del matrimonio. Pensemos que la naturaleza nunca olvida: el divorcio produce divorcio, sobre todo cuando la razón del mismo es, “la conveniencia personal”. Ahora toda la sociedad está siendo testigo de este ciclo interminable de boda-divorcio y de sus fatídicas consecuencias, en la mayoría de los casos, para los hijos. A un divorcio frívolo sigue, por lo general, un matrimonio frívolo.   Se habla mucho, en 2006, de la necesidad del divorcio express, porque hay que ser realistas y desatascar el tapón de los pleitos. Pero el problema no es el atasco de los tribunales de familia. El problema es el crecimiento de las rupturas familiares. Y las soluciones han de venir sobre todo de la propia sociedad, con una educación de la afectividad desde la adolescencia, el desarrollo de las iniciativas de orientación familiar, de mediación y ayuda en las crisis matrimoniales. Algo más complejo y más necesario que el expeditivo certificado de defunción matrimonial.

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