Viernes 02/12/2016. Actualizado 17:20h

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El campo también existe

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Uno tiene la impresión que desgraciadamente los gobiernos, al menos los más débiles, sólo reaccionan cuando se ponen en peligro alguno de los fundamentos que mantienen la sociedad del bienestar, en este sentido primero fueron los transportistas, y después los pescadores, parece obligado, ahora, les llega el turno a los agricultores, que tienen en el gasóleo para sus máquinas (tractores, cosechadoras, transporte, etc.) el principal input de sus explotaciones. Con precios que se han más que duplicado en los últimos tres años, por las alzas que se derivan de las prácticas de la OPEP, de los especuladores de futuros en los mercados energéticos, de los impuestos proporcionales de un Estado fiscalmente voraz, y de, ¿cómo no?, porque también nos tocó la China en forma de fortísimos crecimientos de demanda por parte de China y India. E n el caso de los agricultores el problema es más grave que en otros sector, por eso sus protestas me parecen más razonables puesto que los pescadores se defienden subiendo precios y en el transporte se hace lo propio; en la agricultura: los precios en origen están cada vez más bajos y los de consumo final más altos, sino que se lo pregunten a nuestros fruticultores. Como tantas otras veces se pone de relieve por los márgenes comerciales se disparan precisamente en productos alimenticios frescos. Así que el escenario ya esta preparado, para sin dejar de negociar -hasta ahora las ofertas oficiales son pobres promesas de fiscalidad y seguridad social-, y, aunque no me gustan las manifestaciones y huelgas que perjudican a los ciudadanos, en este caso ha llagado el momento de sacar los tractores a las carreteras. ¿Como en otras ocasiones? Pues sí, porque de otra manera, el Gobierno, sumido en sus alianzas de civilizaciones, sueños visionarios y otras florituras varias, ni se daría cuenta. Hay que demostrar que el campo también existe. Eso sí, las acciones han de ser pocas, conjuntas y contundentes.