Martes 06/12/2016. Actualizado 01:07h

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¿Somos conscientes de nuestra situación climática?

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Ante la grave situación de sequía en la que nos encontramos habrá que comprobar que seguramente el problema fundamental no esté en la situación de sequía como riesgo climático propio de nuestras latitudes, sino en la capacidad de la sociedad para saber adaptarse a esta situación extrema.

 

Conscientes de la problemática olvidamos, sin embargo, que somos un país esencialmente mediterráneo y seco, aunque con ciertos matices territoriales, y al amparo de la tecnología hemos adoptado prácticas y usos poco sostenibles con nuestra realidad e identidad mediterránea, como, por ejemplo, campos de golf en zonas áridas, grandes concentraciones turístico-residenciales donde menos agua hay, cultivos poco adaptados a las condiciones climáticas, etcétera, abuso del agua higiénica por falta de adaptaciones de los útiles, etc. En definitiva, toda una serie de acciones que han alterado las reglas de la naturaleza y que han hecho que un episodio atmosférico natural, propio de la realidad mediterránea, adquiera tintes catastrofistas.

 

Debemos conocer los límites naturales del territorio en el que vivimos y adaptarnos a ellos, no intentar sobrepasarlos. Uno de los objetivos que plantea el Programa Nacional sobre el Clima es precisamente "conocer el clima y su posible evolución en el tiempo y presentar este conocimiento de forma que pueda utilizarse para optimizar la influencia provechosa del clima en las diversas actividades socioeconómicas nacionales".

 

No hay duda que nos hemos adaptado a un tren de vida no acorde con nuestra condiciones climáticas, es en este sentido donde se hacen más patentes las aseveraciones: "si puedo pagarlo lo exijo" refiriéndose al agua para regar el jardín, para llenar la piscina o para que me mantengan el campo de golf en condiciones óptimas. Estoy convencido que no somos conscientes de nuestras condiciones climáticas. Tampoco lo son nuestros políticos, sobre todo los que, con frecuencia del agua, hacen política cuando no demagogia.