Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:00h

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La fiesta del consumo

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Por esta época, los centros comerciales, febriles templos del consumo navideño, son aglomeraciones vivas de compradores compulsivos. La Navidad se ha reducido a superar un obstáculo por el que irremediablemente se ha de pasar. Pero la Navidad es mucho más que eso: es la celebración de un hecho trascendente: la llegada de Dios a la Tierra vestido de hombre.

Ahora que tan de moda están los personajes fantásticos en las aventuras cinéfilas cabría preguntarse por qué al Salvador de la Humanidad se le ha relegado a un puesto mísero por debajo del símbolo del consumismo por excelencia: Papá Noel. A él llegan todas las referencias navideñas, los niños asocian la Navidad, no con el nacimiento de Jesús, sino con la quimera, un tanto grotesca, del simpático hombre bonachón. La Navidad tiene un fin: prepararse para la venida del Hijo de Dios al final de nuestros días. Entonces veremos con claridad la falsedad de nuestras vidas montadas sobre cosas superficiales y lejana, muy lejana a la Verdad que Dios nos vino a revelar. Por eso la Navidad debe ser un encuentro, fuera de eso nada tiene sentido.

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