Domingo 11/12/2016. Actualizado 01:00h

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La voz del lector

¡Estamos hartos de políticos que nos separen!

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En Catalunya las cosas funcionan al revés de lo que lo hacen en el resto de España, si es que todavía podemos considerar como parte de ésta aquella arisca autonomía. Lo lógico sería que dos formaciones de derechas se entendieran, pese a sus divergencias en cuestiones de nacionalismo, en aquellas otras materias en las que comparten similares ideologías (será por aquello de que "no hay peor cuña que la de la misma madera"); pero, vean ustedes por que estúpida circunstancia, entre el PP y Unió Democrática de Catalunya (teóricamente situada a la derecha de Convergencia) existe algo muy parecido a un odio visceral.

Debemos reconocer que, los líderes en Barcelona de ambos partidos, se salen un poco del tipo de personas que pudiéramos considerar como más adecuadas para regir sus respectivas formaciones políticas. El señor Durán, por su parte, parece que, de un tiempo a esta parte, se escora a la izquierda; quizá por aquello de que dentro de CDC sus posibilidades de llegar a más (no interpreten mal, es sólo un adverbio) son casi nulas, y puede ser también que, por esta misma razón y por ambiciones personales, se esfuerce en resaltar, tan a menudo, la necesidad de una participación más estrecha con el gobierno Central (siempre se ha sentido tentado por la posibilidad de ocupar un ministerio). En cualquier caso, es evidente su enfermiza obsesión por el PP. No pierde ocasión de criticar y posicionarse en contra de su particular adversario político: el Grupo Popular; con el que lleva enfrentándose desde hace tiempo, y no sólo dentro de España, sino a nivel europeo (recuérdese cuando fueron expulsados del Partido Popular Demócrata Cristiano Europeo). No se puede negar algo tan curioso como que, un miembro de la democracia cristiana, ante un caso tan vergonzoso como pueda ser el de la negociación con los criminales de la ETA, se sienta tan proclive a ponerse de parte del Gobierno, despreciando, con su apoyo incondicional a Zapatero y los suyos, a aquellos que sufrieron las consecuencias de la actividad terrorista de la banda, los de la AVT. ¡Claro, que el señor Carod ya se ocupó en su día de asegurarle la inmunidad ante los terroristas!. Esta doble moral, por lo visto, no le preocupa al religioso señor Durán siempre que, con ello, se incordie al PP. Otra cosa sería que se ocupara de los casos de corrupción dentro de su propia formación política, librándola de la serie de advenedizos que se han aprovechado de ellos; pero, al contrario de lo que se podría esperar de él, su principal preocupación siempre ha sido correr una tupida cortina de burocracia sobre ellos para enterrarlos en el olvido.

Pero tampoco podemos dejar en saco roto al jefe del PP en Catalunya, señor Piqué, personaje camaleónico si los hay, que ha pasado antes por varias formaciones políticas terminando por recalar en el Partido Popular sin que, al parecer, haya renunciado a sus resabios nacionalistas. Por mucho que se empeñe en demostrar lo contrario, su elección como presidente del PPC, es la peor desgracia que les pueda haber acontecido a los populares en tierras catalanas. Se trata de una persona que siempre se ha caracterizado por su ambigüedad en cuestiones nacionalistas. Se equivocó garrafalmente en el asunto del Estatut; repitió errores en la preparación de las autonómicas, dejando escapar un buen puñado de votos con su posición de debilidad en la defensa del idioma castellano, siempre maltratado en esta región; y lo continúa haciendo recientemente al calificar de "profundo error" el que algunos creamos que, para mejorar la situación del PP en Catalunya, se ha de potenciar un mayor "españolismo" en el partido. Seguramente él sabrá por qué lo dice, pero mi voto, si él continua al frente del partido, lo tiene perdido y como me ocurre a mí pueda que les ocurra a muchos otros que siempre habían votado al PP; prueba de todo ello fue la inesperada victoria de Ciutatans per Catalunya que consiguieron dos escaños en el Parlament sólo con el lema de la españolidad y el soporte al idioma oficial de la Nación; escaños que, sin duda, hubieran podido ser de los populares si se hubieran tomado en serio este importante tema, y escaños que, sin duda, hubieran cambiado sustancialmente los resultados lectorales.

En cualquier caso, como decía, esta especial fobia contra lo español está larvada tanto en los partidos de izquierdas (como estrategia para llevarse el gato al agua), como en los de la derecha, que tampoco pueden sustraerse a este sentimiento de aversión hacia Madrid y siguen cultivando un secreto rencor por no ser ellos los que dirijan España. ¡Ah! Pero no se lo pierdan, todos, incluso los de Esquerra Republicana se pirran por viajar a "la capital del reino", aunque se nieguen a admitirlo en público para no quedar desairados ante sus bases. Los culpables de esta confrontación entre españoles no son los ciudadanos, a los que estas batallitas les importan un bledo, sino los políticos que se empeñan en meter cizaña para justificar, en muchas ocasiones, la necesidad de su propia existencia como tales. ¡Mal servicio le están haciendo a la Nación, al pretender dividirla y debilitarla internacionalmente, con sus rencillas barriobajeras! Sólo los ciudadanos de a pie, con nuestro voto, podemos castigar a estos profesionales de la discordia que, con tanta frivolidad, juegan con nuestras vidas, nuestras libertades y nuestras haciendas.

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