Domingo 11/12/2016. Actualizado 01:00h

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La voz del lector

No, con mi hijo no

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El dolor de un padre que ve fallecer a un hijo y la generosidad que le lleva a entregar su cuerpo para salvar la vida de otros hijos merece toda la admiración de la sociedad. Bien. Pero esto a veces se usa como símil en la entrega de gametos sexuales (óvulos y esperma) para la investigación. Y aquí es dónde salta mi alarma.

Me gustaría protestar por el chantaje psicológico al que se somete a la sociedad hoy día. Me refiero al hecho de la donación de órganos y de sangre. Soy donante de sangre y con frecuencia me planteo la posibilidad de serlo de órganos en general. Pero no me refiero a los órganos personales; me refiero al chantaje   psicológico que se da con los órganos de familiares.   El dolor de un padre que ve fallecer a un hijo y la generosidad que le lleva a entregar su cuerpo para salvar la vida de otros hijos merece toda la admiración de la sociedad. Bien. Pero esto a veces se usa como símil en la entrega de gametos sexuales (óvulos y esperma) para la investigación. Y aquí es dónde salta mi alarma. No es equiparable entregar los órganos de una vida que se extingue –la de mi hijo- que entregar un óvulo o un espermatozoide, que podría convertirse en un hijo mío, para que experimenten con él, lo congelen, lo destruyan, lo... No, con mi hijo no.

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