Martes 17/10/2017. Actualizado 01:00h

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Nuestra identidad

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36 años a mis espaldas y camino de 37 creo que empieza a ser un bagaje lo suficientemente extenso para ir forjándome un criterio de lo que sucede a mi alrededor.

Vida complicada, como la de millones de personas, un presente sujeto con pinzas, como el de otros millones y un futuro incierto como el de casi todos. Segoviana de nacimiento y de vida, gaditana por amor a sus playas y sus gentes, sevillana por gracia y duende de Don Antonio y la magia de su ciudad y catalana por obra y arte de un Ruiz Zafón que me hizo adorar las calles de la ciudad condal sintiendo su aroma a través de cientos de páginas de papel.

Del Madrid y de Madrid, de Bilbao y su Gugenheim que me conquistó el corazón. De San Sebastián y de su playa de la Concha. De Galicia, por su cerveza, su marisco y sus meigas. Asturiana por sus verdes praderas, su sidra, sus bailes y muchas juergas... De toda España, de todo el mundo del que he sido y del que quiero ser. Pero ya ni de izquierdas, ni de derechas, ni de centro, ni de extrema de diestra ni siniestra. Eso sí, cansada. Hastiada. Hasta el gorro. Hasta las mismísimas pelotas de los políticos segovianos, gaditanos, catalanes, vascos, madrileños, gallegos, andaluces, de todos. De todos esos que se esfuerzan por hacerme elegir, como si fueran incompatibles mis meigas y mis playas de Caí. Los pitxos de San Sebastián y el "mi arma" de mi Sevilla. Entre el Bable y el Castellano. Entre la calle Vida de Sevilla y la del Arc del Teatre de Barcelona.

Es mucho más fuerte lo que nos une que lo que nos separa, entérese de una vez. Señores diputados, senadores concejales, alcaldes..: esa es nuestra identidad, esa es nuestra nacionalidad. Así somos millones de personas en este país. Espabilen señores políticos. No intenten robar nuestra identidad en su nombre para inflar sus carteras y sus urnas porque entonces nos tendrán enfrente y de espaldas.

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