Miércoles 18/10/2017. Actualizado 12:33h

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La igualdad de género… ¡que degeneró!

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A lo largo de la historia, la mujer ha luchado por sus derechos y los logros han sido muchos. Sin embargo, las desigualdades continúan existiendo a lo largo y ancho de nuestro planeta. La discriminación se manifiesta en todos los ámbitos y clases sociales, en la esfera pública y en el ámbito privado. Es un obstáculo para el desarrollo y para alcanzar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que todavía están lejos de concretarse…

En el tercer mundo la realidad es estremecedora; en el primero, indignante. Según las Naciones Unidas, de los 1500 millones de pobres en el mundo, más del 80% son mujeres. La pobreza tiene rostro de mujer joven, analfabeta y rural. Cuando una niña tiene la oportunidad de estudiar y trabajar se beneficia todo el núcleo familiar en alimentación, salud y educación. Sin embargo, las familias prefieren que sus hijas trabajen en el campo o recorran kilómetros en busca de agua y son los niños quienes acuden a estudiar. El objetivo de:“Mejorar la salud materna”, no sólo no ha mejorado, sino que ha empeorado. En África, el sida causa estragos. Más del 55% de los infectados son mujeres. Las muertes de mujeres por enfermedades evitables durante el embarazo y el parto son habituales. La violencia contra la mujer es abominable: matrimonios concertados entre hombres adultos y niñas, venta de niñas como esclavas sexuales (2 millones de niñas entre 5 y 10 años por año), también es apuñalada, lapidada, estrangulada o quemada viva para “restaurar la honra” de su familia. En el mejor de los casos, sufre mutilación genital (135 millones en el mundo), o es encarcelada dentro de un “burka”.

En el primer mundo, la desigualdad se oculta detrás de leyes, ministerios creados ad hoc, cupos políticos y discriminación positiva en diversos ámbitos. Pese a ello, en el mundo laboral, las mujeres ocupan tan sólo el 1% de los cargos directivos. Percibe un sueldo menor que el hombre por el mismo trabajo (casi un 30% menos en la UE), tiene problemas a la hora de la maternidad (en España, un 75% sufre presiones por esta causa), o de pedir reducción de jornada. Por idénticos motivos, posterga su maternidad y decide tener menos hijos. A la hora de cuidar familiares enfermos o niños, es la mujer quien se ocupa. Con lo cual su jornada es doble: casa-familia y empleo. La falta de conciliación laboral-familiar tampoco ayuda. Las cifras de violencia doméstica son alarmantes. Sobre la violencia psíquica casi no hay estadísticas, pero el maltrato psicológico, coercitivo y constante, se manifiesta tanto en el hogar, como en el trabajo (mobbing), o en el colegio (bullyng). 

¿Por qué ocurre esto?

Somos diferentes biológicamente, el error es transformar la diferencia sexual en desigualdad social. La construcción social de la desigualdad tiene raíces culturales, no biológicas. Nadie nace discriminando o sometiendo a otro, eso se aprende en el hogar y se reproduce en las instituciones, en los medio de comunicación, en los libros, en la publicidad, en el lenguaje, y en las leyes ¿cuál es la ventaja de someter a la mujer? ¿De crear una mujer sumisa e invisible? ¿A quién/quiénes le interesa seguir manteniendo el statu quo?

 El derecho a la igualdad es un derecho humano. Es un requisito indispensable para combatir el hambre, la pobreza y las enfermedades. La tan mentada “igualdad de género”, degeneró en nuevas formas de inequidad. Tomar conciencia de ello es el primer paso, porque la verdadera igualdad es aceptar las diferencias, pero sin discriminar… 

Ojalá llegue el día en que no tengamos que celebrar el Día Internacional de la mujer.

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