Miércoles 07/12/2016. Actualizado 12:04h

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La libertad maltratada

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Nada es posible sin la libertad. Y esta es nada sin la responsabilidad. Sin responsabilidad la libertad se convierte en anarquia, en desorden. Se desnaturaliza. Presumimos de vivir en un sistema de libertades. En gran medida es asi. Al menos tenemos muchas mas libertades que en otras épocas. Pero mansamente, suavemente, las libertades del siglo se empapan de irresponsabilidad, de amoralidad. Libertad para todo, sin limite, sin fin. Anarquía. Y una libertad anarquica se convierte en la peor de las dictaduras. Detrás de algunos planteamientos democráticos subyacen dictaduras de hecho. Nos apabullan con la palabra democracia y conculcan la libertad. O lo que es lo mismo, solo hay una libertad, la suya. Y lo suyo es tan bueno que hay que imponerlo. Huele a Maquiavelo, a Enrique VIII, a absolutismo, a marxismo mas o menos descafeinado. Asistimos hoy a lo que llamo, una inflación de la política. Todo es política, todo tiene que resolverse con las categorías políticas, no hay mas soluciones que las políticas. Los políticos hoy nos aseguran todo, el disfrute, la felicidad, la pensión, las vacaciones, las fiestas, el bien y el mal, todo. ¡Que aburrimiento¡. Aparecen por todos lados, ocupan todos los puestos, están en todos los lugares. Dan la impresión que fuera de la política no hay nada, el mundo deja de existir. Mientras tanto el resto de las instituciones languidecen o bien se encuentran en el nirvana a la espera de alguna subvención que les permita seguir viviendo, seguir existiendo. Cuando a los que viven de la política se les manifiesta esto se irritan —me ha pasado-, como si todo lo bueno del mundo, todo lo excelso estuviera ahí. Reclamo mi derecho a poner sobre la mesa iniciativas no políticas en uso de mi libertad. Reclamo mi derecho además a que mis iniciativas las apoyen los políticos como una muestra de la libertad que pregonan. Hay mas iniciativas en la sociedad que las políticas, hay mas ciudadanos que los políticos, existen mas instituciones que las políticas. Somos libres. ¡Dejennos serlo! Hay que tener cuidado con algunos profetas de la libertad. La pueden utilizar para imponer criterios que en realidad van contra la libertad, o para convertirnos en parásitos sociales, en seres anodinos. Algo de esto está pasando ya. Ocurre.