Jueves 29/09/2016. Actualizado 11:16h

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La lucha por el agua

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La Organización Mundial de la Salud y UNICEF, en un informe sobre los progresos hacia los objetivos fijados hace cuatro años en materia de agua y cobertura sanitaria, al término de la Cumbre del Milenio de la ONU, ha aportado las siguientes cifras: Más de 1.000 millones de personas beben agua no apta para consumo y 2.600 millones, el 40 por ciento de la población mundial, carece aún de los servicios sanitarios básicos.

 

El documento pronostica que en el año 2015 podría haber disminuido en 800 millones el número de personas sin acceso a agua potable, pero difícilmente se conseguirá que el 75 por ciento de la población disponga de servicios sanitarios básicos. Las consecuencias de estas carencias son dramáticas.

 

Cerca de dos millones de personas, en su mayoría niños menores de cinco años, mueren cada año por enfermedades de tipo diarreico. Como señala Naciones Unidas, el principio de «algo para todos» debe sustituir al de «todo para algunos». De lo contrario no podrá ganarse la cruzada contra enfermedades que cuestan todos los días las vidas de miles de niños y niñas o la lucha contra las carencias que comprometen el desarrollo económico y social de las regiones más desfavorecidas del planeta.

 

Recursos suficientes y una decidida voluntad política en el plano internacional, no hay duda que también nacional, local y individual, son precisos para superar los desafíos de la Cumbre del Milenio. Es en estas circunstancias donde se encuentran a faltar los esfuerzos humanos que se hicieron contra una guerra, ciertamente injusta, en la que morirían personas.

 

Ante situaciones como estas no podemos menos que preguntarnos ¿Dónde están todos aquellos millares de jóvenes, humanitarios, bienintencionados y altruistas, que sistemáticamente se manifestaban por las calles de las grandes ciudades? ¿No podríamos dedicar parte de nuestras vacaciones, con su respectivo coste de tiempo y económico, a mejorar la situación de millones de seres humanos?

 

Doy por supuesto que algunos lo hacen, pero a veces da la sensación que somos movidos por razones políticas más que humanitarias.