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La mejor arma electoral del Ejecutivo

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En la entrevista realizada a Zapatero el pasado domingo en El País, el presidente del Gobierno, cautivo de su propia ceguera intelectual y política, banal hasta la extenuación, contemplándose en el lago narcisista de su propia alma, sin fisuras ni la menor autocrítica, manifiesta un anhelo inusitado por la nación española - un concepto que ya no está bajo sospecha -, así como su compromiso de aumentar las pensiones mínimas.

Zapatero ha comenzado ya la campaña electoral, con sus inevitables promesas políticas. Pero todos sabemos que la promisión no significa quedar empeñado en la palabra dada, supuesto que la promesa exige la cláusula rebus sic stantibus, es decir, si todo sigue adelante tal y como ahora lo veo y propongo. La falacia de la promesa consiste en que no se está obligado a mantener lo formulado si las circunstancias aconsejan lo contrario. Lo peor de todo es que el presidente ha utilizado la zafiedad de recurrir a un "lugar común", a lo políticamente correcto como es una subida de pensiones, el mínimo reconocimiento debido que el poder político puede tener con quienes han trabajado por los demás durante muchos años.

Mala estrategia para comenzar la del miedo y la amenaza. Peor estrategia cuando se presume de una voluntad de "gobernar desde la verdad".  

¿Cuál es la verdad de Zapatero? Los hechos primero; después, las palabras.

Todo apunta a que el Ejecutivo posee un arma electoral tanto más eficaz cuanto más inopinada: la escisión en el seno del PP, provocada por desaforadas ambiciones personales. La derecha española debería sepultar de inmediato una de las causas más lesivas para su triunfo electoral, la concupiscencia de un hombre tan capaz como incontinente, que seguirá con la pretensión de alzarse sobre todos, porque no le ha sido concedido el magnífico don personal, tan necesario en la vida política, de la prudencia.