Lunes 05/12/2016. Actualizado 16:38h

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La voz del lector

El mejor predicador, Fray Ejemplo

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Hay que tener cuidado con lo que se cuenta a todo el mundo, pero especialmente  a los niños. Si no uno no explica bien las cosas lo pueden entender todo al revés. Ese entendimiento  suele ser, casi siempre, su propio punto de vista, como el de aquel niño que ante la pregunta “¿qué es un egoísta? Respondió: “Egoísta es el que no piensa en mí”. El esfuerzo por hacer entender a esas criaturas que existen otros “mís” en el universo se estrella una y otra vez con su  ambición.

 

Está muy bien  querer a todo el mundo, incluso se debe amar a nuestros enemigos, pero con los niños hay que tener una sensibilidad especial, porque aprenden rápido. El otro día contaba una madre que, al reñir a su hija pequeña,  por no sé qué fechoría, ella se revolvió con esta amenaza: “Pues cuando seas mayor, te meteré en un asilo”. Vaya con los angelitos. Aún los más cándidos llevan bombas de mano escondidas en los bolsillos.

 

Los niños, por regla general son buenos, son excepción los que puedan ser unos facinerosos en potencia. Por eso digo que no hay que descuidarse. Ya se sabe que lo bueno se admira,  pero lo malo se imita. De ahí el tradicional discurso de la importancia del buen ejemplo. No existe nada más detestable en este mundo que un buen consejo acompañado de un mal ejemplo. Los niños y jóvenes blasfeman si el padre blasfema como un condenado. El crío miente si el padre o la madre incumplen sus promesas. El chico obtiene el certificado de aprendiz de violento si en la mesa familiar se come violencia a diario.

Y no siempre al revés. Se pueden citar ejemplos haciendo referencia a personas que han superado los veinte o cuarenta años de edad. Así nos podemos encontrar criminales hijos de padres santos. Imbéciles, bravucones y rechazados por la Administración del Estado en sus innumerables oposiciones, cuyos progenitores ganarían cualquier concurso de sentido común. En fin, es una lotería. Pero si quieres que te toque, tienes que arriesgar algo. Finalizo con una frase cuya autoría se le atribuye a muchos personajes: “Podemos educar con palabras pero se arrastra con el ejemplo”.