Martes 06/12/2016. Actualizado 01:07h

  • this image alt

elconfidencialdigital.com elconfidencialdigital.com

La web de las personas informadas que desean estar más informadas

·Publicidad·

La voz del lector

La mesa de los trileros

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Para jugar están los casinos. Para decidir en política, los parlamentos. Para engañar, las mesas de los trileros. Nuestra es la decisión.

Se ha dispuesto ya la mesa. Descansan sobre ella los cubiletes bajo los cuales los trileros han de hacer aparecer y desaparecer a su antojo la trucada bola del engaño. El esférico objeto gira en nombre de la paz, todos la ven, todos la desean, todos por lo tanto se hallan dispuesto a apostar cuanto disponen, en la legítima ambición de ganarla. Los vasos vuelan en las manos y la lengua del trilero mayor, lo que debería alertarnos, pero la bola se mantiene siempre a la vista, siempre visible, tanto que se nos antoja imposible que quepa el engaño, que nos puedan embaucar. Uno, dos, tres, cuatro pases de manos del marrullero jugador en los que los cubiletes se desplazan vertiginosos, y se nos invita a jugar. No lo dudamos, realizamos la apuesta, a la vez que señalamos sin vacilar el recipiente bajo el que sin duda alguna se halla la bola. Pero, ¡oh!, sorpresa, cuando el tahúr lo levanta comprobamos que no está, que se ha evaporado.    Nos queda la duda, dudamos, pero la certeza que asistía nuestra voluntad pese tanto en nuestro ánimo que, no nos atrevemos a protestar. El trilero pone a buen recaudo sus ganancias, retira los cubiletes y la bola, pliega la mesa y se va calle abajo, seguido de sus compinches, esos que conocedores del engaño si acertaron donde se escondía la manipulada bola de la paz.   El ciudadano estafado, por lo contrario, camina un trecho y se detiene, reflexiona, intenta encontrar respuestas lógicas a su ilógico error. No en vano, él estuvo viendo la bola en todo momento, sin embargo, llegado el momento se equivocó. Para jugar están los casinos. Para decidir en política, los parlamentos. Para engañar, las mesas de los trileros. Nuestra es la decisión.