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Los mitos de la educación

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La educación se ha convertido en un término muy usado por los políticos y la sociedad. Sin embargo, muy pocos reflexionan en torno a la veracidad de ciertos principios que parecen evidentes, pero que no siempre lo son. El primer mito es pensar que con un incremento en el presupuesto mejorará la calidad del sistema educativo. Falso, porque el nuevo presupuesto puede ser usado para gastos administrativos (pagos de sueldos a los profesores, mantenimiento de equipos, trámites documentarios, entre otros) y no necesariamente en capacitación de los maestros, mejora del sistema de evaluación, priorizar la educación de la primera infancia, el aprendizaje de operaciones aritméticas básicas, la comprensión de lectura, que sí son factores que influyen directamente en la mejora de la calidad. Por ejemplo, Estados Unidos posee uno de los mayores presupuestos en educación y, sin embargo tiene una educación pública deplorable. Segundo mito: "la educación privada es mejor que la pública". Es verdad que las evaluaciones internacionales y nacionales demuestran que en efecto los colegios privados obtienen un mejor aprendizaje respecto a los públicos, pero esa relación no siempre se cumple pues existen innumerables colegios, institutos o universidades privadas que solo buscan lucrar a costa de una educación deficiente para sus alumnos, incluso a veces peor de la que pueden recibir en una institución de educación pública. Tercer mito: "debemos copiar modelos extranjeros". No se trata de copiar al milímetro, sino de aprender de las exitosas experiencias de otros países, pues no existe ningún país cuya realidad educativa sea idéntica que la de otro. Por tanto no debemos fotocopiar, sino pensar en aquellos aspectos que pueden adaptarse a nuestra realidad, aunque con matices distintos. Cuarto mito: "más educación = más desarrollo". Es cierto que una mejora notable en el ámbito educativo influye positivamente en el desarrollo de un país, pero eso sólo sucede siempre y cuando se tome a la educación no como un factor aislado sino como parte de un plan interdisciplinario e intersectorial donde por ejemplo se unifiquen medidas que permitan que el alumno sea adecuadamente nutrido y sus padres tengan tranquilidad económica. Mejor dicho, para que la ecuación mencionada funcione, debe considerarse a la educación como parte de un plan sistémico de cohesión social. Quinto mito: "la educación es sinónimo de escuela". Hay quienes piensan todavía que cuando se habla de educación, nos referimos a la escuela. Y la educación por el contrario, es mucho más que eso, no solo abarca a la escuela, sino a las demás instituciones de enseñanza técnica y universitaria, pero también a los actores que intervieven en ella: padres, profesores, directores, alumnos. Y por último, se trata de un sistema en que se encuentra la sociedad misma: políticos, líderes, empresarios, organizaciones sociales y demás. Se trata de apostar por una sociedad educadora y no por una educación escolarizada. Sexto mito: "mejor tecnología = mejor educación". La velocidad con la que avanza el desarrollo en nuevas tecnologías aplicadas a la educación es sorprendente y seguramente facilitan muchas cosas. Un aspecto positivo de ello, es la educación a distancia. Sin embargo, el ordenador no puede ni debe reemplazar al profesor en clase, porque la máquina puede ser eficaz en hacer simulaciones interactivas para aprender conceptos, relaciones y aplicaciones. Pero es el profesor, el único capaz de transmitir valores en sus alumnos. Además, Internet a pesar de ser una facilidad para la información, no siempre desemboca en buenos conocimientos, pues en la red hay información que es nefasta para la formación humana de la persona. Sétimo mito: "más educación = mejor democracia". Esta relación sólo se cumple cuando la educación no es un adoctrinamiento que solo incluye posturas ideológicas que responden a intereses personales o políticos. Es decir, cuando se permite que el alumno y el ciudadano piensen con libertad las distintas propuestas políticas y por sí mismos saquen sus propias conclusiones y en función de ellas apuesten por la libertad individual, recién su logra una mejor democracia en función de una educación con una alta dosis de ética intelectual y moral, tanto en los gobernantes como los gobernados.