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Los nacionalismos y sus reinos

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El nacionalismo consiste, como su propio nombre indica, en el permanente intento de crear una nación donde nunca la hubo. Sí existieron reinos de Castilla, de Aragón, de Navarra e incluso de Mallorca, pero jamás hubo reinos catalán ni vasco.

Cuando se llega a las manos, como en el caso de las agresiones a miembros del PP en Cataluña, es que las palabras no han servido de mucho. Y los avisos y advertencias, tampoco.   Un once de septiembre ya lejano (hará unos treinta años), se celebraba la primera "Diada Nacional de Catalunya" tras la muerte de Franco. Algunos creímos que el apelativo "nacional" significaba el inicio de la gestación del totalitarismo excluyente de hoy. Por ese motivo se nos tildó de "fachas", término que empezaba a utilizarse para poner en evidencia a todo aquél que no se manifestase nacionalista de pura cepa. Se profería, preferentemente, el insulto de "franquista", aún cuando aquella mayoría enardecida, que alardeaba de su presunto catalanismo de toda la vida, se había ocultado cobardemente durante décadas. El tiempo nos ha dado la razón a los exagerados.   Cuando la federación regional de patinaje bregaba por conseguir una selección "nacional" de hockey sobre patines, se nos intentó convencer de que aquello no pasaba de anécdota. Hasta que hace poco más de una semana se celebró, en un contexto nada deportivo y sí muy reivindicativo, un Cataluña - País Vasco futbolístico, en el que hubo muchas más pancartas independentistas y loas a la libertad de un asesino que goles en el marcador.   El nacionalismo consiste, como su propio nombre indica, en el permanente intento de crear una nación donde nunca la hubo. Sí existieron reinos de Castilla, de Aragón, de Navarra e incluso de Mallorca, pero jamás hubo reinos catalán ni vasco. A pesar de los peligros de la reforma estatutaria, que ha creado dos categorías de ciudadanos, fueron más los que quisieron pensar que incluir el término "nación" era lo de menos, emulando la opinión de nuestro presidente de la sonrisa y del talante, artífice de semejante parto político.   Hoy, incluso hay que pasar por la notaría para dejar constancia del odio que se profesa a España y a lo español, ganándose así unos cuantos votos. Una pena.

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