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La voz del lector

La paz de los cementerios

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En España practicar el terrorismo te da como mínimo el derecho a que el gobierno te escuche.

No hace mucho oíamos a Arnaldo Otegui afirmar que nadie cayera en el error de creer que ETA dejaría las armas a cambio de nada. Poco antes asistimos al esperpento de ver como todas las fuerzas políticas de este País, a excepción del Partido Popular, apoyaban en el Congreso de los Diputados no iniciar diálogos con la banda asesina sino estar dispuestos a dialogar con ETA cuando ésta lo estimara conveniente. Es decir, “usted siga matando, y si algún día quiere que charlemos, aquí estaremos para escucharle, sin condiciones”.   Con este hecho, indudablemente, le transmitíamos un mensaje lamentable a los terroristas: en España practicar el terrorismo te da como mínimo el derecho a que el gobierno te escuche.   Ya empezaban a sonar los rumores que apuntaban a conversaciones privadas entre el gobierno y ETA, consumándose por tanto la ruptura definitiva del Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, tan válido para Zapatero cuando estaba en la oposición que hasta fue propuesto por él, pero que ahora, gobernando, ya no le servía, tal vez obligado por esa vergüenza democrática que es el Pacto de Tinel.   Vinieron entonces “tiempos raros” en los que Otegui se permitía preguntar a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, mientras estaba siendo detenido, si el Fiscal General del Estado, Cándido Conde Pumpido, estaba al tanto de su detención. Las sospechas de que algo estaba pasando ya tenían indicios sólidos y congruentes sobre los que apoyarse.   Después vino lo que vino; ETA anunciaba un “alto el fuego permanente”, el fiscal General del Estado, puesto a dedo por el PSOE, instaba a los jueces a “ser sensibles” con la nueva situación tratando de coartar la independencia del Poder Judicial, Otegui, ahora considerado “interlocutor válido” por el gobierno, salía por enésima vez de la cárcel de Soto del Real tras abonar una fianza de 250.000 euros cuya procedencia una vez más no se ha querido investigar. En fin, más despropósitos a los ya habidos.   Pero todo esto no son más que detalles anecdóticos ya que lo verdaderamente importante es lo que se desprende de las palabras de Otegui acerca de que ETA no dejaría las armas gratis. Hombre, me costaría creer que ETA de la noche a la mañana deje de matar sin un motivo aparente cuando hasta ayer tenía muy claras sus reivindicaciones.   Creo que a estas alturas del partido todos somos conscientes de que Zapatero llevaba tiempo negociando con los asesinos y que algo les ha debido prometer para estar en la situación en la que estamos. No sé si será el acercamiento al País Vasco de unos reclusos que nunca fueron presos políticos, no sé si será la recolocación laboral de los trabajadores de las bombas lapas, a lo mejor (a lo peor) cierta rebajita en las condenas para unos y algo de manga ancha e impunidad para otros, o tal vez una consulta sobre la independencia de Euskadi incompatible con la Constitución y con el Estatuto de Guernica (art. 46).   No sé, pero evidentemente algo les ha prometido, y el oscurantismo y las mentiras con que están llevando todo me hace tener malos presagios, al tiempo que un escalofrío recorre mi cuerpo al recordar a nuestro presidente pidiendo a las víctimas del terrorismo “un poquito de por favor” practicando además una extraña empatía al comparar la muerte de su abuelo, capitán del regimiento que llevó a cabo la represión de los mineros asturianos en octubre de 1934 y que perdió la vida en una guerra de hace 70 años, con los atentados de Irene Villa o de Silvia, la niña de seis años asesinada en el verano de 2002 en Santa Pola por un coche bomba de estos asesinos.   Señor Presidente, esto nunca fue una guerra en la que dos bandos se pegaran tiros salvo cuando su partido, cercenando el Estado de Derecho, creó su propio grupo terrorista, el GAL. Por eso nosotros no queremos hablar de paz cuando aquí no hay una guerra, no queremos diálogo con quien lleva la pistola a la mesa de negociación, no queremos una seudo libertad a costa de concesiones, lo que queremos es simplemente justicia y un trato digno por su parte hacia las víctimas del terrorismo.   Y sospecho que sus intereses en todo esto están más por la línea de cómo perpetuarse en su sillón presidencial a cualquier precio que en gobernar basándose en el interés general de los españoles y en el de las víctimas del terrorismo en particular. Sospecho igualmente que el nombramiento como Ministro del Interior de Rubalcaba, que ya formaba parte de ese PSOE del GAL, no es casual. Y por ello tengo la extraña sensación de que el principal cometido de Alfredo Pérez en Interior no es otro que el de tapar ciertos agujeros.   En definitiva, señor Zapatero, no utilice la memoria de las víctimas, su dignidad y la justicia como monedas de cambio en una negociación interesada.

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