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El pecado original de la violencia doméstica

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La secretaria de Políticas de Igualdad del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Soledad Murillo, como ejemplo de la "virtud pedagógica" que la Ley de Violencia Domestica proyecta, ha anunciado campañas de sensibilización donde los hombres como protagonistas explicarán cómo es el buen trato con sus parejas. La igualdad bien entendida empieza por uno mismo, y en este caso con más razón por la secretaría llamada de Igualdad. El psicólogo y sexólogo canario Eloy Rodríguez, premio Nacional del Ministerio de Asuntos Sociales, sobre la violencia contra los hombres afirma que "es un tema del que no se habla porque es políticamente incorrecto, porque es tabú y porque hay una industria del maltrato que mueve miles de millones de euros y que utiliza a la mujer como mercancía política". El prestigioso psiquiatra Rojas Marcos asegura que no es correcta la idea de que los hombres son, por naturaleza, más violentos que las mujeres: "Los estudios más exhaustivos sobre los factores biológicos o antropológicos no ofrecen ninguna razón convincente que apoye la base física o sexual de la violencia". No en vano el Centro Reina Sofía, en un estudio del Maltrato infantil en la familia en 2.002, sobre 33.000 expedientes afirma que el 60% de agresores infantiles son mujeres frente al 40% de agresores hombres, siendo en el primer grupo mayormente el maltratos pasivos y en el de hombres el maltrato activo. A pesar de esto, desde la Secretaría de Igualdad se fomenta que la mujer denuncie y se ponga en marcha la maquinaria legal de protección. Si no, que acudan a servicios sociales para no vivir el problema a solas. Indudablemente es trágico vivir el problema a solas de quién se siente o es maltratado, no sólo la mujer sino el hombre. La "virtud pedagógica" parte del tratamiento del problema de forma compartido, cuando se aborda desde la perspectiva conjunta y familiar, cosa que la ley obvia al considerar a priori al hombre maltratador. Menos pedagogía existe, cuando se fomenta la denuncia sin existir un análisis medianamente serio de la problemática familiar y sus vicios. Tanto del hombre como de la mujer. El pecado original no fue de uno ni de otro, sino de la serpiente que lo generó.