Jueves 08/12/2016. Actualizado 01:00h

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La perversión del lenguaje

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Algunos autores como Gunter Grass o el historiador Ian Kershaw, que con motivo de los 60 años de la derrota de la Alemania nazi han escrito sobre el tema del nazismo y del Holocausto, resaltan la importancia que tuvo la previa manipulación que se hizo del lenguaje tergiversando el sentido de muchas palabras, lo que facilitó la posterior aceptación de muchas actitudes y hechos que ahora nos resultan inconcebibles.

 

Así la palabra fanatismo llegó a ser equivalente a patriotismo propiciando muchos extremismos; y tanto llamar perros a los judíos facilitó el que muchos de ellos acabaran en los hornos crematorios.

 

Para Juan Pablo II, los mayores horrores del siglo XX, ya fueran nazis, comunistas, nacionalistas o utilitaristas, fueron producto de conceptos defectuosos referidos al ser humano, según resalta en su biografía George Weigel. También hoy podemos apreciar como se manipula el sentido de las palabras. Así se habla de que "la mujer es dueña de su cuerpo" (aunque no lo sea del feto que lleva dentro que tiene una dotación cromosómica distinta), de "preembrión" (sin ninguna fundamentación científica) o de los "derechos de los homosexuales a adoptar"(a pesar de que sobre los menores los adultos solo tenemos obligaciones y nunca derechos).

 

Y el caso más reciente es llamar "matrimonio", palabra que entraña en sí mismo la heterosexualidad, a la unión de dos personas del mismo sexo. Es muy significativo que entre los muchos que se oponen a que a eso se le llame "matrimonio" -entre los que bastantes no lo hacen por razones religiosas como se pretende hacer creer- esté la de muchos académicos de la Lengua. Ellos conocen bien el peligro que entraña la confusión de las palabras. Peligro que quizá ahora muchos no vislumbran pero que puede tener consecuencias muy graves en el futuro para la institución familiar y para la sociedad. Especialmente si incluso los que no están de acuerdo con ello, como ocurrió con el nazismo, asisten con indiferencia esta perversión del lenguaje como si ello no tuviera trascendencia alguna.