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La sonrisa de Zapatero y la Gioconda

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Todos hemos visto y admirado multitud de veces el cuadro de Leonardo, y la imagen del Profeta Daniel del Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela. Las dos figuras aparecen sonrientes. Siempre se ha dicho que la sonrisa de la Gioconda es enigmática. La del Profeta Daniel pasa por desenfadada. Yo diría que algo revoltosa. Más que sonrisa, es casi risa. Sonríe con ganas. Personalmente me gusta más la sonrisa-risa de Daniel. Además el motivo de su actitud es muy bonito. Dicen que se ríe porque le está echando los tejos a la reina Esther (cuya figura está justamente en su frente en el mismo Pórtico de la Gloria). Picaruelo este Daniel.

 

Puede que sea verdad, y que por eso unos puritanos, y mal pensados, canónigos ordenaron, hace más de un siglo, "rebajar" los pechos, al parecer excesivamente pronunciados, que lucía la estatua de dicha reina. Puede que la pareja apareciera con una actitud poco adecuada para la necesaria decencia del lugar. Un amigo     -especialista y estudioso de gestos- me ha dicho que está analizando una sonrisa muy de actualidad: la del Presidente Rodríguez Zapatero. Me ha prometido pasarme sus conclusiones que insistiré para que sean publicadas y conocidas por todos.

 

A la espera de lo que diga mi amigo, se me ocurre recomendar al Presidente que no abuse de la sonrisa. Que, de vez en cuando, distienda el gesto. Puede, de lo contrario, correr peligro su textura facial. No me gustaría que el Presidente terminase con el rostro arrugado. Con mesura podrá pasar el trance sin ese peligro. No debe olvidar que su mandíbula y sus carrillos no pueden tener la dureza que la piedra de granito le ha proporcionado a Daniel para que el paso del tiempo no le haga perder lozanía.

 

El rostro del Presidente es, lógicamente, de otra materia. La Gioconda tiene unos carrillos menos pronunciados, y con un dibujo comisural más amplio que los del Presidente. Es otra cosa. Algunos dicen que sonríe (la Gioconda) porque estaba embarazada. Obviamente no es el caso, ni creo que lo será, del Presidente. No veo semejanza entre estas dos sonrisas: una es serena y la otra -según mi amigo- es forzada. Una esconde un misterio, y la otra se suele producir sin motivo aparente. En cualquier caso, espero las explicaciones de mi amigo para establecer una comparación adecuada.