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El suicidio de Eusko Alkartasuna (EA)

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El panorama político vasco no permite tantos partidos: ha llegado la época de coaliciones o desapariciones.

En la Comunidad Autónoma Vasca ha habido demasiado partidos en la última década con peso parlamentario EAJ-PNV, PSOE, PP, Batasuna (o los escaños de EHAK), EA, EB, Aralar, y la ya desaparecida UA (Unidad Alavesa, surgida del hecho de contar Araba con los mismos parlamentarios autonómicos que Bizkaia).   Ezker Batua-Berdeak y Aralar han anunciado que tras una "fase exploratoria" ya recorrida, avanzan hacia una coalición electoral que mejore sus posibilidades ante la convocatoria municipal y foral del próximo año 2007, cuando se produzca la previsible irrupción de una Batasuna legalizada.   En el inmediato escenario se destacan cuatro grandes partidos, según una reciente encuesta con un respectivo porcentaje asegurado de voto del 21% para EAJ-PNV, 14% PSOE, 8% PP y 8% Batasuna. EA contaría con un 5%, EB un 4% y Aralar un 3%. Sobre la base del acuerdo EB-Berdeak-Aralar, EA quedaría con el sexto y último partido con un hipotético 5% de los votos, después de ocho años de ir en coalición y habiendo obtenido una sobre-representación de cargos institucionales (más notable por la ausencia de Batasuna en algunas convocatorias).   Todo apuntaba que, tras las sempiternas reticencias de EA hasta el último minuto, finalmente aceptaría a regañadientes acudir en coalición con EAJ-PNV. Sin embargo, el pasado miércoles 30 de agosto su ejecutiva nacional decidió “en principio” (sic) acudir en solitario a las elecciones municipales y forales, por un escaso margen de 10 votos contra 9 y tras una profunda controversia entre sus máximos dirigentes,… Este ajustado acuerdo de la ejecutiva no necesita ser sancionado por la asamblea nacional al no ser favorable a la reedición del pacto electoral.   Pero queda la sospecha de que no sea definitiva esta decisión “aparente” de la ejecutiva de EA. Algunos miembros de la dirección de Eusko Alkartasuna estudian la posibilidad de que finalmente sea la asamblea nacional de su partido la que reconsidere, e invierta, en las próximas semanas la resolución adoptada. Esto no parece muy factible al requerirse una mayoría de dos tercios de representantes para el cambio de postura. Más aún cuando existe el rumor generalizado de una grave disociación de criterio entre las bases (más partidarias de acudir en solitario) y los cargos (que prefieren la seguridad de prorrogar la alianza con EAJ-PNV).   EA se enfrenta a varios dilemas simultáneos para no desvanecerse. Debe optar entre converger o diferenciar su oferta política respecto de la del partido del que se desgajó. Para la primera opción, la estrategia de acudir en solitario sería más coherente y casi obligada ahora (en las autonómicas sería una auto-inmolación). En caso contrario, habría de avanzar hacia una coalición tipo CiU, lo que le proporcionaría perdurabilidad a cambio de continuar reduciendo su peso social.   Quizá debiera resolver todas estas disyuntivas escuchando no sólo a su militancia, sino también a sus votantes, quienes pueden verse tentados por otras alternativas ante el riesgo de desperdiciar su papeleta. El electorado vasco, muy estable desde la transición, necesita opciones nítidas y partidos fuertes, con alta representación que puedan caminar hacia la pacificación y la normalización sin descuidar una buena gestión de los recursos públicos desde las instituciones.