Jueves 08/12/2016. Actualizado 18:06h

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Fue la última manifestación a la que pudo asistir vivo Joseba Pagazaurtundúa. Iba a mi lado, con su energía de siempre, mientras una chusma vociferante nos insultaba y nos decía "Maketos, iros a España, desgraciados" entre otras lindezas por el estilo. Y nos tiraron monedas. Eran señoras de edad media y avanzada, caballeros de buen aspecto exterior... La clase de gente que te puedes encontrar en Misa de 11, si no fuese porque estaban fuera de sí. Todo porque en aquella manifestación, organizada por el Lendakari contra la violencia de ETA, nosotros íbamos con las víctimas al final del cortejo y con nuestro propio slogan. Nuestras armas eran globos. Tuvimos a un insultador de pro, el actual Diputado de Bizkaia, que en armonía con Ibarretxe, se refirió a nosotros como "guarros y guarras", mientras el gentío que se arremolinaba a nuestro alrededor era cada vez más amenazador. Lo cuento porque en estos días el mundo nacionalista critica con especial regocijo los desagradables momentos de la manifestación de Madrid. Pero ellos son iguales o peores, con la diferencia de que ni el servicio de seguridad, ni la Policía movieron un dedo en nuestro favor, dejándonos a merced de las mesnadas nacionalistas, y salimos vivos de milagro. Vidal de Nicolás, Savater, Jose Mª Calleja y otros habituales recuerdan a menudo aquella situación, que deja con el trasero al aire a los que tanto presumen hoy de civilizados.