Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:00h

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La “venda” del Estatut frente al boicot

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Muy probablemente este escrito no se publique, pues va en contra de su titular de hoy, relativo a la campaña en contra de los productos fabricados por empresas catalanas. Aún así, quiero manifestarles a Uds. mi opinión con relación a ella. Puede que sirva como medida de presión para esa parte del empresariado catalán que, en un acto de inconsciencia y movido por el resorte nacionalista pergeñado durante dos largas décadas, ha dado su apoyo a ese engendro de deconstrucción, el mal llamado estatuto. Sin embargo, la publicación de una lista de fabricados catalanes con su equivalente del resto de España, para incitar a su compra, perjudicando así a los primeros como medida de castigo, se contradice con la defensa a ultranza de la Cataluña española, que lleva aparejada la defensa de los ciudadanos catalanes como ciudadanos españoles. Así, esa actitud puede conducir a tres efectos casi inmediatos y al mismo tiempo contrarios a su intención inicial: Primero, un consumo a la baja obligaría a algunas empresas catalanas a reducir puestos de trabajo para ajustar su oferta a la menor demanda, puestos ocupados en su mayoría por personas que no se manifiestan, precisamente, independentistas. Segundo, y como consecuencia de lo primero, los nuevos desempleados verían mermado su poder adquisitivo y deberían reducir una parte de sus ingresos dedicada al consumo, pero no sólo de productos catalanes (ellos no reparan tanto en su etiquetaje), sino de todo producto español. Tercero: la reducción del producto interior bruto catalán y de la recaudación por impuesto sobre la renta de las personas físicas y sobre sociedades haría que la supuesta balanza fiscal catalana fuese más "deficitaria" de lo que se supone que es, dando alas a los nacionalistas para sus argumentos insolidarios. En mi opinión, este tipo de iniciativas, cuando no ha comenzado siquiera el debate del impresentable ladrillo estatutario es un intento de poner la venda antes que la herida. Otra cosa será (esperemos que no) que, una vez iniciado el debate, lo que el nuevo frente cuatripartito ha sido capaz de entregar en el Congreso sin sonrojarse empiece a ser sospechoso de poder ver la luz.

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