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La voz del lector

11-M: Una verdad insignificante

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Hoy día tenemos la certeza de cosas insospechadas hace tres años y todo ello es fruto tanto de la investigación como del afán de otros por ocultar pruebas y hechos. Cultivemos la virtud de la esperanza y sigamos trabajando con responsabilidad desde nuestras posiciones individuales para que esta verdad insignificante fructifique y lleguemos a conocer, en fecha no muy lejana, TODA la verdad de lo ocurrido.

Ya han transcurrido más de tres años de aquella fatídica fecha en que nos arrebataron a tantos seres queridos y dejaron a otros muchos marcados para el resto de su vida. Esto, que es la única verdad que conocemos de lo ocurrido aquel día, o nos deja insensibles, o nos saca de quicio pero, de cualquier forma, no creo que produzca, en una gran mayoría de la población española, ningún desasosiego y mucho menos una reacción responsable que nos lleve a la acción personal y colectiva, para evitar que dicho atentado pase a formar parte de nuestra memoria colectiva, diferenciándonos así de otros países.

Desde hace unos días, yo me encuentro, personalmente, un tanto desasosegado y creo entender la causa de dicho desasosiego. No, no son nuevamente los islamistas radicales; aquellos parecen haber cumplido con su cometido al dejar el reguero de muerte y destrucción de aquel once de marzo, si es que realmente fueron ellos. Tampoco parece que sus correligionarios, a pesar de Afganistán, tengan intenciones, por ahora, de repetir otra "hazaña", al menos Al Qaeda no manifiesta tener ahora ningún pleito con España. Sería bueno agradecer a dicha organización su talante actual. Se me ocurre pensar si será este comportamiento el primer fruto de la Alianza de Civilizaciones.

Mi desasosiego creo que tiene su origen en una organización que, de la noche a la mañana, ha dejado de ser lo que era, para transformarse en otra cosa distinta. Creo que el avieso lector me sigue, sí dicha organización ahora tiene bula para seguir matando, no sabemos a quién, no han sido muy explícitos, pero suponemos que a los de siempre, a los ciudadanos indefensos. Pero, ¿no son ya gente de paz? ¿qué ha ocurrido para que se produzca ese cambio tan brusco? ¿les hemos hecho algo los ciudadanos de a pié? ¿cómo podemos desagraviarlos para que cambien sus intenciones? Esperemos que el "proceso de paz" nos devuelva tan precioso don, que nosotros, las víctimas, jamás hemos vulnerado. Pero, por favor, sin más derramamiento de sangre inocente.

Esta digresión me ha hecho desviarme del hilo conductor del artículo, les pido disculpas. Efectivamente, estábamos hablando del 11-M y justo estos días, está finalizando la vista oral de dicho proceso. Muchas personas, víctimas la mayoría, pero no sólo víctimas, están experimentando sentimientos encontrados; por una parte tienen la sensación de que está próximo el día en que se sepa lo que ocurrió en aquel atentado, están convencidos de que se va a hacer justicia y creen, de buena fe, que ningún estamento que ha utilizado y utiliza a las víctimas del atentado como moneda de cambio, va a seguir haciéndolo. Frente a esos sentimientos, existen otras personas, muchas víctimas entre ellos, con la misma capacidad para pensar y con libertad para expresarlo, que entienden que de este juicio va a salir una verdad insignificante; este término lo uso para comparar, el tamaño de la verdad, con el de la justicia que se puede derivar de dicha verdad.

Llamo la atención para significar que en ningún caso he utilizado el término mentira, que también podría utilizarse ocasionalmente pues se dice que "una verdad a medias puede ser, en ocasiones, una mentira". Aunque todos estamos esperando con ansiedad la sentencia del tribunal, yo me atrevería a recomendar y, recomendarme a mí mismo, paciencia. ¿Por qué recomiendo paciencia después de tres años de sufrimiento y de espera? La respuesta es muy simple, así como el golpe no se pudo gestar en las dos o tres reuniones de los Mc Donald, la maraña creada para su ocultación y destrucción de pruebas incriminatorias, tampoco se puede deshacer con la celeridad deseada ya que dicha celeridad puede producir rotura de cabos y de conexiones para una correcta investigación.

Este juicio, según nos expresó el presidente del tribunal, tenía como finalidad determinar el grado de implicación en los hechos de los veintinueve, ahora veintiocho, inculpados; y sea cual sea el resultado, eso creo que se conseguirá. La verdad completa, en cambio, parece estar alejada aún, al menos así se han manifestado algunas acusaciones; incluso las defensas han pedido la nulidad del juicio. A partir de ahora es cuando debe comenzar la parte importante de la investigación, la parte que no ha sido investigada en la fase de instrucción del sumario y que debe estar constituida por la ocultación y falsificación de pruebas, la incomparecencia de algunos testigos, el silencio o las contradicciones de otros etc. Precisamente, durante estos últimos días se ha difundido en los medios de comunicación la destrucción de los trenes en los días siguientes a la masacre, cuando todos sabemos que por simples accidentes ferroviarios se conservan las pruebas durante años. Si echamos la mirada hacia atrás podemos ver la evolución experimentada en el conocimiento de los hechos.

Hoy día tenemos la certeza de cosas insospechadas hace tres años y todo ello es fruto tanto de la investigación como del afán de otros por ocultar pruebas y hechos. Cultivemos la virtud de la esperanza y sigamos trabajando con responsabilidad desde nuestras posiciones individuales para que esta verdad insignificante fructifique y lleguemos a conocer, en fecha no muy lejana, TODA la verdad de lo ocurrido para que podamos aplicar la justicia que, como humanos, podemos y debemos aplicar. 15-06-07 Año de la Verdad.