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La vergüenza nacional

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En numerosas ocasiones son las minorías las que imponen sus dictados a las mayorías

La semana pasada, como la vida en general, nos ha deparado noticias buenas y malas. Desde mi punto de vista el balance ha resultado negativo. Hoy, quizás más que nunca, los poderes públicos son los actores fundamentales de nuestra vida. Desde mi percepción, eso es un mal síntoma en nuestra vida comunitaria. En las democracias siempre se dice que el actor principal de la vida pública es el pueblo, eso sí representado por los hombres públicos que el mismo pueblo eligió. En nuestro caso, hablo del país llamado España, creo que hay un desfase entre el sentir y el vivir del pueblo y la vida que sus representantes legales nos regalan cada día.   Se me podrá decir que en democracia hay que tener en cuenta las mayorías, y acepto dicha observación, pero en numerosas ocasiones son las minorías las que imponen sus dictados a las mayorías, y en estos casos ¿a qué sofismas podemos recurrir para justificar la realidad que vivimos? Para no perdernos en disquisiciones teóricas voy a recurrir a algún ejemplo del acontecer diario en nuestra vida: La visita del Papa a Valencia para presidir el Encuentro Mundial de las Familias Cristianas, lejos de cualquier visión partidista, parece un acontecimiento de alcance mundial y creamos o no en lo que la familia representa, pienso que es una buena ocasión para hacer una breve valoración del mismo e incluso para imaginarnos qué sería de nuestra sociedad si por el momento desapareciera el significado que para cualquier ciudadano tiene la familia, no ya como una institución meramente civil, sino como un crisol de cariño, unidad, relación, formación, apoyo mutuo etc.   Creo que las familias valencianas que han padecido las consecuencias del reciente accidente y los que hemos sufrido el azote del terrorismo, salvando las diferencias en la voluntariedad de los acontecimientos, podemos testimoniar el papel de nuestras familias en esos momentos trágicos. Otra actuación digna de resaltar es la rendición del Estado de derecho ante la banda terrorista ETA. En este caso se nos quiere vender como una acción de PAZ pero ¿quién viola la paz? ¿Qué se va a negociar con quien no muestra ningún signo de arrepentimiento? ¿Acaso no son los terroristas los únicos que tienen en sus manos el no atentar contra la vida?   Las víctimas llevamos firmando la paz con nuestros asesinos toda nuestra existencia pero no podemos ser interlocutores para la paz porque ya la hemos puesto como norma en nuestra convivencia. ¿Qué tienen que pagar el Ejecutivo y el Legislativo a los príncipes del terror para que depongan sus armas? pedimos y exigimos que hagan una declaración conjunta explicándonos qué negocian, para qué y para quién negocian; no creo que pidamos nada anormal en una sociedad moderna, democrática y europea.   El poder judicial acaba de "sorprendernos" con otro paso más en su peculiar lucha contra el crimen organizado. El ínclito juez del Olmo acaba de asestar otro golpe mortal al Estado de derecho. Ya está todo claro respecto al 11-M. Confirma con ello la connivencia entre los poderes públicos que, curiosamente se arrogan representarnos a los ciudadanos. España no puede ni debe pasar página al mayor crimen organizado de nuestra historia. Los hechos por mucho repetirlos no son verdaderos ni falsos mientras no se demuestren con pruebas y la VERDAD del 11-M está llena de falsedades y lo más grave es que quien tiene el deber de esclarecer toda la trama, hacer JUSTICIA con los responsables, directos y colaterales, y prevenir otro atentado, no QUIEREN cumplir con los deberes que contrajeron con los ciudadanos que los llevaron a las altas magistraturas que detentan.   Una vez más apelo al noble pueblo español, sí al que padece en silencio, al que vota, al que sufre en sus carnes las decisiones de unos políticos y unos poderes públicos que, lo único que hacen bien, es aprovechar, para beneficio propio, los poderes que dicho pueblo les otorgó. ¿A quién podemos votar en las próximas elecciones con el panorama que tenemos? Como siempre al que consideremos menos malo. Lógicamente nos volverá a engañar.

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